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Javier G. Recuenco, superdotado: «Yo creo en la meritocracia. Hay un 50% que puedes controlar y quien lo hace le va sistemáticamente mejor»

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Abc.es 
El coeficiente intelectual es el número que mide la inteligencia general y las habilidades mentales de una persona. Popularmente se lo conoce como IQ, por sus siglas en inglés, Intelligence Quotient. Se calcula a través de unos exámenes estandarizados, en los que la mayoría de la población mundial, un 68%, recibe una puntuación entre 90 y 109 puntos. Aquel que supera los 130 puntos es considerado de altas capacidades. Ese es el caso de Javier. Javier G. Recuenco (Madrid, 1970) tiene altas capacidades. Su IQ de 165 puntos supera con creces la media y le sitúa por encima del 99.999% de la poblacion global. Es lo que de forma corriente conocemos como un superdotado. Como curiosidad, tiene una puntuación similar a la de Marilyn Monroe , Lady Gaga y Mayim Bialik -Amy Farrah Fowler en 'The Big Bang Theory'-. Esta condicion le ha ayudado a construir una carrera laboral sólida basada en su ingenio y visión. En su currículum aparecen títulos como el de ingeniero informático, consejero de grandes empresas españolas, profesor universitario y conferenciante ( @jgrecuenco ). Lo que no aparece es que su IQ no le ha regalado el éxito, tampoco se lo regala a nadie. Ha sido mérito suyo y del azar y de un consejo que toma de Woody Allen. «El 90% de todo es 'showing up', es aparecer. Yo te puedo garantizar que si tú cubres tu 50% estás por delante del 95% de la gente. Es que es así». El IQ asegura que tendrás facilidad para interpretar el lugar en el que estés, pero primero tienes que aparecer en aquel lugar, ya sea por decisión propia como por casualidad. Javier explica en el podcast ' La fórmula del éxito ', presentado por Uri Sabat, que «cualquier persona extraordinariamente exitosa» ha recibido un éxito inmerecido, un regalo del azar. No todo depende siempre de tu buen ojo o de tu experiencia: «Yo te mostraré dos o tres ocasiones a lo largo de su vida en las que la moneda cayó cara y si cae cruz esa persona se va a la mierda. Se va a tomar por culo. Y eso es compatible». Esto le hace pensar que vivimos en un sistema mixto entre meritocracia y azar. «Yo creo en la meritocracia a muerte porque hay un 50% que tú puedes controlar y la gente que controla ese 50% le va sistemáticamente mejor que la gente que se abandona la suerte. Pero que el otro 50% de suerte», expone. «Yo creo en la meritocracia a muerte. Además, es que la naturaleza es darwinista y aplica 'plus, plas', pero es que hay tantas cosas que están fuera. O sea, hay tantas cosas que están fuera de tu control tiene que ser tremendamente gilipollas como para pensar que, a pesar de ser lo más exitoso del mundo, no hayas tenido una suerte, una serie de cosas que no han dependido de ti». El ingeniero aprovecha el binomio creer-no creer para contar una curiosidad sobre la inteligencia humana: «Crees en la meritocracia. No crees en la meritocracia». Esta mentalidad dual «es perfectamente compatible» y, aunque parezca una contradicción que anula el juicio, es biológicamente natural. «Lo que ocurre es que nuestro cerebro ahorra mucha, mucha energía pensando en términos binarios, en términos de blanco y negro», apunta.



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