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Las listas de espera sí pueden reducirse

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Recientemente ha circulado la idea de que las listas de espera en los servicios de salud son inevitables y que, por tanto, poco puede hacerse para disminuirlas. Aunque toda organización enfrenta algún nivel de espera, afirmar que las listas no pueden reducirse es una conclusión simplista que ignora aspectos fundamentales de la gestión de los servicios de salud.

La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ha sido una de las instituciones más exitosas en la historia del país. Gracias a ella, Costa Rica ha alcanzado indicadores de esperanza de vida y cobertura sanitaria comparables con los de naciones mucho más desarrolladas. Precisamente por el valor de esta institución, resulta importante comprender qué factores influyen en el crecimiento o reducción de las listas de espera.

Desde la perspectiva de la logística hospitalaria y la gestión de operaciones, las listas de espera son el resultado de una relación sencilla: la cantidad de pacientes que requieren atención y la capacidad disponible para atenderlos. Cuando un servicio puede atender la misma cantidad de personas que solicitan atención, las listas permanecen estables o disminuyen. Pero cuando la demanda supera de forma constante la capacidad disponible, los pacientes comienzan a acumularse y las listas crecen.

La discusión pública suele centrarse en la necesidad de contar con más médicos especialistas. Sin embargo, los hospitales funcionan como sistemas integrados en los que participan muchos otros recursos indispensables. Un especialista requiere consultorios, personal de enfermería, registros médicos, laboratorios, servicios de imágenes, farmacia, quirófanos, camas hospitalarias y equipos médicos. Si alguno de estos recursos es insuficiente, la capacidad total del sistema se ve limitada.

Por esta razón, aumentar únicamente el número de especialistas no siempre genera la reducción esperada en las listas de espera. El problema puede trasladarse a otra etapa del proceso. El paciente puede obtener una consulta más rápidamente, pero es posible que termine esperando meses por un examen diagnóstico, un procedimiento o una cirugía.

Tampoco basta con formar más profesionales de la salud. La formación de especialistas requiere muchos años y, una vez graduados, necesitan incorporarse a centros médicos que cuenten con la infraestructura y los recursos necesarios para aprovechar plenamente sus capacidades. De poco sirve disponer de más especialistas si no existen suficientes consultorios, quirófanos o equipos para que desarrollen su trabajo.

Es cierto que eliminar completamente las listas de espera sería extremadamente costoso. Para lograrlo habría que disponer de una gran cantidad de recursos ociosos que estuvieran disponibles de inmediato cada vez que un paciente solicitara atención. Ningún sistema de salud del mundo opera de esa manera. Sin embargo, reconocer esta realidad no significa aceptar que las listas deban crecer indefinidamente.

Las listas de espera pueden reducirse mediante una combinación de inversión y gestión. Es necesario fortalecer aquellos servicios que presentan mayores limitaciones, mejorar la coordinación entre los distintos niveles de atención y planificar adecuadamente la capacidad instalada. En otras palabras, el problema no se resuelve únicamente con más recursos ni solo con una mejor administración; se requieren ambas cosas.

Invertir en salud tampoco debe verse exclusivamente como un gasto. Una población saludable es más productiva, presenta menores niveles de incapacidad laboral, reduce el ausentismo y contribuye al crecimiento económico del país. Además, un sistema de salud sólido fortalece la cohesión social y mejora las condiciones para atraer inversión y generar empleo.

Costa Rica cuenta con un sistema público de salud que ha demostrado su valor durante décadas. El desafío actual no consiste en cuestionarlo, sino en fortalecerlo. Para ello será necesario modernizar infraestructura, formar talento humano, incorporar tecnología y gestionar eficientemente las redes de servicios del primer, segundo y tercer nivel de atención.

Las listas de espera no son una condena inevitable. Son el resultado de la relación entre demanda, capacidad y gestión. Comprenderlo es el primer paso para construir soluciones que permitan preservar y fortalecer uno de los mayores logros de nuestra sociedad.

felbad77@gmail.com

Félix Badilla Murillo es ingeniero industrial.




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