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Festival LittleOpera: Maduros frutos zamoranos

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Se ha celebrado la que es ya la undécima edición del Festival LittleOpera de Zamora, que siempre se las arregla, al mando de la soprano Conchi Moyamo, para, con no demasiados medios, construir una programación singular y didáctica. El estreno absoluto de este año ha sido la breve ópera (una hora) de la canaria Laura Vega, "Él. De las tinieblas a la luz", basada en una novela de Mercedes Pinto (Santa Cruz de Tenerife, 1889-Ciudad de México, 1976), sobre la que Luis Buñuel realizó una película en 1953.

Estamos, nos dicen la compositora y la libretista y directora de escena Rita Cosentino, ante “un relato construido entre el pasado y el futuro, que entrelaza la novela autobiográfica con la obra poética y testimonial de Mercedes Pinto. Textos que viajan a nuestro presente cargados de una rabiosa y estremecedora actualidad”. Vega emplea un lenguaje ecléctico de muy buen cuño que parte del cruce de líneas, de un permanente desarrollo temático conectado con un contrapunto de rara y provechosa delineación.

Escueta y sucinta dirección escénica de Cosentino a partir de muy pocos elementos. Todo sucede en el estrecho ámbito de una habitación (dos paneles en ángulo) que sirve también de pantalla para distintas proyecciones alusivas. El sustrato musical, el juego permanente que anima la acción estuvo en las manos del estupendo grupo Alma Mahler dirigido en este caso, de manera flexible pero autoritaria, a partir de un gesto amplio y omnicomprensivo, sin batuta, cosa lógica, por el maestro uruguayo Martín Jorge. Magistral y expresivo contraste de la música cantada con las frases habladas, pronunciadas con aire señorial y verdadero por la veterana actriz Teresa del Olmo en su desdoblamiento del papel protagonista. Contraste con la voz de la mezzo lírica Cristina Faus, que hizo un detallado y minucioso trabajo.

Como lo hizo el tenor lírico- Manuel Gómez Ruiz, que cantó con verdad y radical expresión. Se habría pedido, no obstante, una mayor anchura vocal y una mejor y más amplia proyección en la zona aguda. La producción será llevada a Canarias de la mano de la Fundación Cajacanarias, y al Teatro Solís de Montevideo. Y habrá que dar las gracias a Humberto Orán, que fue uno de los promotores y quien metíó en la cabeza de Laura Vega el gusanillo operístico.

El día anterior se celebró en la Plaza de la catedral el acostumbrado concierto lírico, que contó con dos voces vascas: la de la soprano Vanessa Goikoetxea y el tenor Andeka Gorrotxategi. Ella es una lírica pura, extensa (más de dos octavas), corpórea, sustanciosa, bien coloreada, de fúlgido y templado metal en centro y agudos. Es una fraseadora nata y una muy hábil matizadora gracias a un claro dominio de los reguladores. Lo que, sumado, da como consecuencia un arte de canto que nace de una probada técnica de apoyo, de una respiración adecuada y bien programada. Abrió sus intervenciones con la tan difícil aria de Micaela de "Carmen", en donde la voz ha de ir de arriba abajo, expresar los miedos y esperanzas a lo largo de un recorrido sinuoso y límpido.

Otorgó el debido dramatismo y desesperación a "Sola, perduta, abbandonata", de "Manon Lescaut" de Puccini después del caluroso dúo "Tu, tu, amore? Tu?" Sus virtudes fueron puestas de relieve de nuevo en el maravilloso "Canto a la Luna de Rusalka" de Dvorák. Al tenor hay que reconocerle la valentía, el arrojo, la prestancia y el mantenimiento en todo momento de una tensión canora indiscutible. La voz es ahora algo más oscura y podemos calificarla sin ambages como la de un lírico-spinto cuando no un spinto a secas. Su fuerte no es el recogimiento, la aplicación de pianos, de reguladores y a veces anda algo escaso de fiato. Anotamos una más que correcta aria de El Cid de Massenet, bien dicha y regulada; una muy voluntariosa y laboriosa interpretación en el dúo de Tosca, un Vesti la giubba esforzadamente defendido y una entregada y minuciosa recreación del dúo final del primer acto de "Madama Butterfly".

Ambos cantantes tuvieron buena colaboración de una profesional Sinfónica de Castilla y León, flexible y compacta, al mando de un maestro muy habituado a estas escaramuzas como es Óliver Díaz, que hasta donde pudo, luchando con la incómoda ventolera (y con las volanderas hojas de las partituras movidas por el ventarrón), logró mantener la unidad y la coherencia. Un "Brindis" de "Traviata" de Verdi -sin coro en este caso- y el dúo del Torero y la Gitana de "El Gato Montés" de Penella pusieron el punto final a un concierto aplaudido calurosamente en su último tramo.

El día 26, último del Festival, asistimos a la representación de la operita de Manuel García "I tre gobbi", recuperada en 2021 por la Fundación March. En esta obra el compositor, cantante, maestro y tratadista sevillano hacía uso evidente de sus amplios conocimientos del arte del canto. Sus construcciones, dúos tercetos y distintos conjuntos, incluida en este caso una "fuguetta" final ("Io per me son contentone"), nos informan de las bondades de su trabajo sobre un libreto al uso. La ágil pluma de García nos desvela de manera bastante cruda y siempre sarcástica las miserias y descaro de los cuatro personajes. La acción proviene del intermezzo La favola de I tre gobbi de Carlo Goldoni puesta en música en 1749 por Vincenzo Ciampi.

Nos lo volvimos a pasar muy bien, ahora en Zamora, con esta producción dirigida en lo escénico por José Luis Arellano, que ha realizado un muy limpio vuelco de la acción sobre un funcional y geométrico decorado paralelepipédico de restallantes líneas rojas Actuaron y cantaron con gracia la soprano lírico-ligera Cristina Toledo, de timbre penetrante, de acusado "vibrato stretto", de aseada coloratura, el barítono Javier Povedano, de buen y restallante metal, de amplio registro (Marqués Parpagnacco). David Alegret, resuelto tenor ligero, claro y ágil (Conde Bellavita) y el joven barítono donostiarra Juan Laborería, de timbre muy lírico, buen fraseador. Desde el piano ese buen músico que es José Miguel Román coordinó todo sabiamente. Elegante y de armónicos movimientos el actor y bailarín Andoni Larrabeiti como silencioso y concupiscente sirviente. Sugerente y práctica escenografía de Pablo Menor y fantasioso vestuario de Ikerne Giménez.

Un apunte final para resaltar el interesante trabajo, dentro del apartado Ópera en miniatura, de Javier Centeno, que estrenaba "Nadie", breve apunte del desencuentro de una pareja en la línea marcada en su día por Poulenc en su Voz en Off. Líneas claras y tratamiento vocal excelente. Estupendos la soprano Blanca Valido y el barítono Javier Agudo.




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