La buena conservación de los alimentos depende de manejar correctamente múltiples factores, desde la temperatura hasta la higiene y el tiempo de exposición. Pequeños detalles, como la forma en que se descongela o se guarda la comida, pueden marcar la diferencia entre un plato seguro y uno que provoque una intoxicación alimentaria. Desde el momento en que un producto fresco entra en la cocina hasta que finalmente se sirve en la mesa, cada eslabón de la cadena de manipulación doméstica requiere de un rigor que muchas veces se pasa por alto por mero desconocimiento. Desde siempre se han buscado métodos para prolongar la vida útil de los alimentos, pero también ha quedado demostrado con el paso del tiempo que un almacenamiento inadecuado no solo acelera la descomposición natural, sino que abre la puerta a la proliferación de elementos nocivos para nuestra salud . Así, la prevención se convierte en la única barrera eficaz para impedir que una comida casera se transforme en el vehículo perfecto para la transmisión de enfermedades. Para ello, existen diferentes buenas prácticas a tener en cuenta, como, por ejemplo, las técnicas de descongelación . Frente a la extendida costumbre de dejar lo congelado sobre la encimera a temperatura ambiente para acelerar el proceso, los expertos insisten en que un método mucho más seguro es planificar la transición y permitir que el descongelado se realice lentamente en la nevera con unas 24 horas de antelación. Pero no es la única técnica a vigilar. Desde luego, no basta con cocinar bien, porque si después se maneja mal la temperatura, el tiempo o el envase, los microorganismos pueden volver a crecer y causar enfermedades. Esto puede ocurrir con aquellos alimentos que hemos cocinado y que queremos que se conserven en la nevera. En este sentido, Mariana Zapién, ingeniería de alimentos mexicana, derriba mitos muy arraigados en el imaginario popular. En contra de lo que mucha gente piensa, Zapién señala con rotundidad que «esperar a que tu comida se enfríe es peor que meterla caliente al refrigerador», ya que « entre 5 y 60 grados , las bacterias que te enferman crecen rapidísimo». En consecuencia, dejar que un plato baje de temperatura lentamente sobre la encimera lo mantiene demasiado tiempo en ese rango ideal para los microorganismos. Mariana aclara que, aunque sí se puede meter comida caliente, hay que hacerlo con criterio: «No se echa a perder, pero ojo. No debes meter alimentos hirviendo en ollas grandes y sin tapa. El centro puede tardar demasiado en enfriarse y queda mucho tiempo en temperaturas que disfrutan los microorganismos». Además, advierte que «los vapores de los alimentos y el condensado aumentan la humedad de la nevera y eso favorece el crecimiento de hongos y mohos en el electrodoméstico». La solución que propone es la siguiente: «Lo mejor es porcionar la comida en recipientes más pequeños, poco profundos y con tapa para hacerlo de la manera más eficiente. Así se enfrían más rápido, se conservan mejor y reduces riesgos », a la vez que destaca que no debería producirse un consumo de electricidad mayor especialmente si se trata de un refrigerador más moderno.