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El CNI, tras las dudas sobre sus alertas en Ceuta: «Que no nos usen»

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«Nosotros nunca podremos salir a defendernos, por eso no entendemos que nos utilicen para atacarse entre ellos, pero no podemos hacer nada». Pocos días después de que 72.000 inmigrantes entrasen ilegalmente en Ceuta el pasado 30 de julio, el enfado y la pena, a partes iguales, recorría los despachos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Los agentes vivieron prácticamente una semana viendo cómo los políticos usaban el nombre del organismo para dispararse entre ellos, sabedores de que no tendrían respuesta pública desde la sede situada en la A-6, la autovía que comunica Madrid con La Coruña.

Primero vieron cómo el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, afirmó en varias ocasiones que los especialistas no habían avisado de que un evento de la magnitud del que ocurrió en la ciudad autónoma podía pasar. Después, atendieron con «tristeza» a las palabras de la titular de Defensa, ministerio del que depende el CNI, Margarita Robles, que defendió la «labor» genérica de los espías españoles pero no afirmó con rotundidad que sí se elaboraron notas informativas y se lanzaron alarmas de lo que podía generar la sentencia del Tribunal Supremo, además de la falta de barrera marítima con Marruecos en el Tarajal y el aumento de nadadores en los días previos. «Todo se informó con tiempo suficiente. Se sabía por completo lo que iba a pasar», explica un agente.

Por último, cómo desde la oposición, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, pusiera en duda que el Centro no supiese que se iba a producir una «ocupación premeditada» desde Marruecos. «O insinúa que no hacemos nuestro trabajo o que lo hacemos pero nos callamos», relata otra fuente de inteligencia. «Que nos dejen trabajar, que no nos usen», explica otro agente de inteligencia, aunque ajeno al CNI.

En los últimos días, los mandos de inteligencia han visto «manoseado» el nombre de los espías. Señalar a los servicios secretos es la salida «fácil», ya que ningún portavoz va a salir a desmentir o confirmar una información, y «menos» las palabras de un político. Los agentes se resignan a aguantar el «chaparrón» durante unos días, antes de volver al trabajo silencioso del que no tendrían que salir, aunque creen que el asunto de Ceuta y sus labores previas sobre el terreno se extenderán «más de lo debido» por las disputas políticas.

El CNI lo componen algo más de 3.500 hombres y mujeres –en una relación del 65 y 35%, más o menos– de los que unos 2.800 operativos vienen del mundo civil. Forjado en 2002, dejó atrás al Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), copado por cargos militares. España tiene la particularidad de que su servicio de espionaje funciona tanto dentro como fuera del territorio nacional, mientras que la mayoría de países prefieren separarlo en dos. Además, su fin último es informar al presidente del Gobierno para que pueda tomar decisiones en uno u otro sentido, por lo que algunas fuentes especializadas creen que es una anomalía que esté integrado en el Ministerio de Defensa en lugar de en Presidencia, como sucede con el Departamento de Seguridad Nacional.

Desde fuera también se analizan y evalúan nuestros servicios de inteligencia. Recientemente, el semanario francés L’Express ha publicado un ránking con las distintas casas de espías europeas, basándose en un «jurado» de 60 agentes retirados, incluido un español, según el subdirector de la cabecera, Etienne Girard, en comunicación con este periódico. «Lo interesante es que los profesionales del sector destacan las capacidades del CNI en materia de antiterrorismo, América Latina y Marruecos, pero no en absoluto en lo que respecta a Rusia u otros ámbitos», resume el periodista francés.

Desde hace décadas, los agentes españoles son reconocidos en todo el mundo como los que mejor información tienen del reino alauita. Los americanos, los ingleses y los franceses, entre otros, pasan por Madrid para saber por dónde se juega la pelota en el norte de África. Por eso, explican fuentes policiales con contacto con el Centro, es «imposible» que no tuvieran información del asalto a Ceuta. Todas las fuentes descartan que se omitiese dicha información de manera deliberada.

El problema ahora, después de la entrada de los 72.000 extranjeros en territorio español, es doble. Primero localizar a los que no han retornado, ya que la Policía teme que haya algún yihadista entre ellos, además de otro tipo de criminales. Pero por parte de la inteligencia, el CNI tiene que recomponer su imagen hacia el exterior. Y no porque no alertase, que lo hizo tal y como explicó este diario, si no para revitalizar la impresión de que no es un organismo politizado. «Lo interesante es que varios responsables nos han descrito el servicio de inteligencia español como desconectado del poder político, lo cual resuena de manera extraña con los acontecimientos de Ceuta», explica el responsable de la mencionada publicación francesa.

El Centro Nacional de Inteligencia, que hará 25 años en 2027, ha cometido fallos, pero el de Ceuta no ha sido uno de ellos. El más sonado, y por el que en Europa no consideran al servicio como una voz autorizada en Rusia, fue el caso de Roberto Flórez, un agente condenado por traición por pasar información a Rusia. Fue condenado a 12 años de prisión y se considera el mayor «topo» que ha tenido el Centro. Flórez fue detenido en el año 2007, pero bastantes años después nada parecía mejorar. Dos agentes, precisamente de la división de Rusia, fueron detenidos por hechos similares, aunque esta vez por pasar datos a los norteamericanos, unos hechos que abrieron una crisis entre ambos países.

Otro fallo fue la celebración del referéndum independentista del 1 de octubre en Cataluña. El CNI, que entonces sí estaba asignado a Presidencia, no fue capaz de encontrar las urnas de plástico que se usaron en cientos de improvisados colegios electorales. Tampoco acertaron con los atentados de las Ramblas. Aunque se ha publicado que el cerebro del ataque, el imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, fue colaborador, la realidad es que el Centro sólo mantuvo leves contactos con él cuando estuvo en la cárcel en 2014. Aún así, no se supo evaluar correctamente su perfil ni capacidad para atentar en España.

Pero en otros casos no fallaron. Avisaron con tiempo antes de los atentados del 11 de marzo sobre el incremento de la amenaza islamista, pero desde el Gobierno de entonces se indicó a la cúpula que la principal preocupación era el terrorismo de ETA. La información del crecimiento yihadista venía de agentes con muy buena información desde Oriente Medio. No escucharles le costó la vida a ocho en el otoño de 2003.

«Si no se habla de nosotros, es que estamos trabajando como sabemos y todo va bien», explica un antiguo agente, que resume el espíritu de cómo tiene que ser el día a día en el servicio.




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