El verano obliga a extremar la atención sobre la conservación de los alimentos y el consumo energético de los electrodomésticos. Llenar demasiado la nevera, encontrar productos estropeados o comprobar que el aparato no enfría lo suficiente son situaciones frecuentes durante estos meses. Estos problemas no solo pueden poner en riesgo la calidad y seguridad de la comida, sino que también incrementan el gasto doméstico. Revisar periódicamente el estado del frigorífico, evitar sobrecargarlo y mantener una temperatura adecuada son medidas sencillas para prevenir pérdidas innecesarias. Pedro Caballero, experto en tareas domésticas, ha explicado en el programa 'La Tarde' de COPE cómo organizar y mantener la nevera para conservar los alimentos, reducir averías y contener el consumo durante el verano. Según el especialista, una nevera en mal estado puede elevar hasta un 30% la factura de la luz, generar malos olores y acelerar el deterioro de los productos. El problema puede estar en la puerta. Un sellado defectuoso provoca una pérdida constante de frío y obliga al motor a trabajar. Para comprobar el cierre, el experto propone el «truco del billete». Basta con colocar un billete o un folio entre la puerta y el marco y cerrarla. Si sale con demasiada facilidad, la goma no sella correctamente. La primera medida consiste en nivelar el frigorífico mediante las patas o ruedas. El experto aconseja utilizar un nivel y elevar la zona delantera entre dos y cuatro milímetros, de modo que el propio peso facilite el cierre. También recomienda limpiar la junta de la puerta, algo que no todo el mundo realiza. Para ello, basta con emplear un cepillo de dientes viejo humedecido en una mezcla de agua y vinagre blanco. La temperatura debe mantenerse entre tres y cinco grados en el frigorífico y en 18 grados bajo cero en el congelador. No es necesario la potencia, salvo después de una compra; ajuste intermedio permite ahorrar energía. La distribución de los alimentos resulta importante. El experto sitúa los lácteos en la parte superior; los platos precocinados, embutidos y productos listos para consumir, en los estantes intermedios; y la carne y el pescado, en la zona fría, encima de los cajones de las verduras. Estos alimentos deben cocinarse o congelarse cuanto antes, especialmente el pescado. «La mejor forma de organizar la nevera es con los lácteos en la parte de arriba», indica. La puerta es el área menos fría, advierte. Por eso, el experto aconseja reservarla para los huevos y la leche, productos que en los supermercados no suelen estar refrigerados y que no necesitan una temperatura tan baja. En cambio, desaconseja sobrecargar el aparato: no debería superar el 80% de su capacidad para que el aire frío circule sin obstáculos. El especialista llama «los 10 segundos de oro» al tiempo necesario para pensar qué se necesita antes de abrir la puerta. Evitar aperturas innecesarias reduce los cambios bruscos de temperatura. Finalmente, pide no introducir comida caliente. Hay que esperar entre 15 y 30 minutos, hasta que se atempere, antes de guardarla. Un recipiente caliente y tapado puede generar condensación y crear un ambiente favorable a la proliferación de microorganismos y bacterias.