«A fuego»: bailar vale más que mil palabras
Que lo petardo no te quite lo político y que lo político no te quite lo petardo. Ese es el lema de FUTUROA, el colectivo al que pertenece Estel Díaz, directora y guionista (junto a Nuría Dunjó) de «A fuego», su primer largometraje. Ese espíritu de reivindicación y disfrute es el que esta joven cineasta barcelonesa ha querido trasladar a esta película que mira a los ojos de la problemática adolescente, algo que ya hizo con la serie [[LINK:INTERNO|||Article|||66119b2a74f8b0e47b91cd96|||«Red Flags»]], lo que le abrió las puertas de este proyecto que hizo suyo. «La peli nace con un propósito ‘‘mainstream’’ pero quisimos darle más valores, que no fuese puro entretenimiento», nos cuenta Díaz, acto seguido de aclararnos que Estel significa Estrella en catalán.
Como un lucero brilla precisamente Zoe Bonafonte («El 47», «Ruega por nosotras»), la protagonista de la cinta, que encarna a Lola, una jovencita de 17 años que acaba de perder a su hermano, un prometedor bailarín al que las drogas arruinaron su vida. Progresivamente, ella va introduciéndose en El Búnker, ese espacio clandestino de bailes y fiestas (que ocupa una de las icónicas chimeneas de San Adrián) en busca de respuestas sobre el fallecimiento de Nico. Necesita entender, y lo que acaba encontrando en este colectivo autogestionado es una familia de amigos que le ayuda a pasar el duelo y expresar el dolor mediante el baile. «Con el baile puedes soltar emociones de poquito a poquito –dice Estel Díaz–, tratando de entender qué te pasa».
«La adolescencia, aparte de un momento de exuberancia, es una etapa para experimentar porque estás creando tu identidad. Estás más abierto a explorar tu parte artística», agrega la directora de «A fuego», quien pretende también desmontar tópicos sobre este periodo de transición vital: «Con la peli tratamos de acabar con el cliché de que los adolescentes no hacen nada o no les interesa nada, que son superficiales. El Búnker, la comunidad, la han construido ellos con mucha ilusión y, sobre todo, con ímpetu. La comunidad trasciende las paredes. El personaje de Andy dice que El Búnker somos nosotros».
Abordar el suicidio
Nunca es sencillo, por supuesto, tratar un tema tan sensible como la autolisis, menos aún si se trata de jóvenes. Aquí el suicidio está en el centro de la película. Es el gran interrogante. Para conseguir tratarlo con respeto, Díaz habla de encarar el asunto «desde la veracidad». Asume que se debe «tener un conocimiento de los arcos emocionales» por el que pasan los afectados y que para ello consultaron a un psiquiatra. Y asegura que, desde luego, «no quisimos que el suicidio fuese un elemento más, por el puro morbo, sino darle dimensión y explicarlo». «La idea de la peli es hablar de estos temas, y tenemos la responsabilidad de ser coherentes», concluye.
