Enfermedades aterradoras, muertes súbitas, locura repentina y largas rachas de mala suerte extrema. Esos eran los horribles destinos que, según las leyendas de principios del siglo XX, aguardaban a cualquiera que se atreviera a profanar las tumbas de las momias milenarias. Todos conocemos la célebre maldición de Tutankamón: cuando el egiptólogo británico Howard Carter abrió su sepulcro en el Valle de los Reyes en 1922 ( así lo contó ABC ), desató, según el mito popular, un mal invisible. Un 'castigo faraónico' que acabó poco después con la vida de su mecenas, Lord Carnarvon, y con la de varios miembros de su equipo, marcando con una sombra de desgracias, accidentes y ruina a los primeros arqueólogos que desenterraron otras momias...
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