Europa condena los nuevos asentamientos en Cisjordania
El Ministerio de Vivienda de Israel ha convocado una licitación para la construcción de unas 1.200 viviendas en la zona E1, una franja de territorio disputada de Cisjordania que se encuentra entre Jerusalén y el asentamiento de Ma’ale Adumim. El plazo de presentación de ofertas se ha fijado para pocos días antes de las elecciones del 27 de octubre.
La ampliación de la E1 conectaría las zonas de Jerusalén y Ma’ale Adumim, contigüidad que Israel considera necesaria para el proyecto de urbanización del área y por motivos de seguridad, así como un activo en futuras negociaciones, mientras que los palestinos critican que esa ampliación precisamente truncaría la contigüidad entre los centros de población de Belén, Jerusalén este y Ramala, frustrando una soberanía palestina.
La zona en disputa se encuentra en el Área C de Cisjordania, es producto de los Acuerdos de Oslo, comprende el 60% del territorio y se encuentra bajo control civil y de seguridad israelí. En 1995, en virtud del Acuerdo de Oslo II, se pactó que el área se transferiría gradualmente a la jurisdicción palestina (con la opción de intercambios de tierras en un acuerdo final), pero dicha transferencia no se concretó por el fracaso del acuerdo interino.
Hoy, según cifras oficiales israelíes, la población judía del área asciende a medio millón de personas, distribuidas en más de 150 asentamientos, incluidos puestos de avanzada ilegales bajo la ley israelí (la comunidad internacional considera que todos los asentamientos israelíes en Cisjordania son ilegales) y más de 200.000 palestinos en más de 530 pueblos y aldeas. Las cifras de la ONU divergen, cuentan 340.000 israelíes y unos 300.000 palestinos.
Alejado ideológicamente del espíritu de Oslo, «el actual Gobierno israelí (…) promueve un cambio radical en el concepto de control estatal de Cisjordania, con especial énfasis en la Zona C. El objetivo es consolidar el control israelí sobre la Zona C, preparar el terreno para su anexión al Estado de Israel y frustrar cualquier posibilidad de una futura solución basada en la solución de dos Estados», indica un informe del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS). Y añade: «Otro aspecto de este cambio es la adopción de la estrategia del ministro Bezalel Smotrich, para reprimir las aspiraciones nacionales de los palestinos. El primer paso para lograr este objetivo es expulsarlos de la Zona C».
Los planes para desarrollar E1 existen desde antes de los Acuerdos de Oslo, pero se archivaron en varias ocasiones debido a la presión internacional. En su última versión, en 2025, Smotrich elogió el plan afirmando que «prácticamente elimina la ilusión de los dos Estados».
Francia, Italia, Reino Unido y Alemania se sumaron el jueves a la creciente condena internacional del proyecto, advirtiendo a las empresas que no se presentaran a las licitaciones de construcción, ya que correrían el riesgo de «incurrir en graves violaciones del derecho internacional». El ministro de Exteriores belga, Maxime Prevot, cree que el proyecto «socavaría seriamente la viabilidad de la solución de dos Estados». El secretario de Estado británico de Exteriores, Ed Miliband, declaró el miércoles que era «inaceptable y destructivo» y amenazó con emprender acciones legales.
Por su parte, el jefe de la diplomacia israelí, Gideon Sa’ar, respondió a Miliband en una publicación en X que «rechazaba de plano» la declaración «paternalista» y declaró que «el pueblo judío tiene derecho a vivir en toda la Tierra de Israel, al igual que los británicos tienen derecho a vivir en Londres y todo Reino Unido». «La política sistemática del Gobierno británico de culpar únicamente a Israel, ignorando el extremismo palestino, ya ha contribuido a una oleada masiva de odio antisemita y ataques contra la comunidad judía británica», denunció Sa’ar, afirmando que la «decisión de Londres de dañar la relación entre nuestros países es profundamente lamentable».
Los ministros Smotrich e Itamar Ben Gvir también respondieron. Ben Gvir tuiteó en inglés: «Alguien debería informar a Ed de que el Mandato Británico sobre la Tierra de Israel terminó en 1948 y que Israel es un Estado independiente». Añadió: «Quizás, en lugar de fantasear con la época del Mandato, debería mirar por la ventana a su Londres, que se está convirtiendo rápidamente en un califato islámico». Smotrich también se refirió al Mandato Británico, «ha terminado», y defendió el proyecto como una necesidad de seguridad nacional para prevenir peligros para el Estado y «realizar nuestro derecho histórico y bíblico a la tierra de nuestros antepasados».
