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Santiago Niño Becerra, economista, sobre la inflación: "El dinero cada vez vale menos, lo vemos diariamente en la pérdida de poder adquisitivo"

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El centro de la reflexión está en lo que revela una cifra pagada por un producto excepcional. Cuando los precios suben, una misma cantidad permite comprar menos que años atrás, aunque los ingresos también hayan aumentado. El dinero pierde capacidad de compra cuando las rentas avanzan más despacio.

La inflación se percibe en decisiones corrientes: llenar la cesta, pagar una factura o mantener un plan de ocio exige revisar gastos que antes cabían en el presupuesto. La pérdida no siempre aparece como un salto puntual, sino como una suma de incrementos que reduce el margen de cada hogar. La compra diaria mide el desgaste mejor que una cifra aislada.

La subasta asturiana ofrece una imagen llamativa de esa discusión. El domingo 30 de agosto de 2026, La Montera Picona de Ramón pagó 37.500 euros por una pieza de Cabrales de algo más de dos kilos, una cantidad ligada a calidad, escasez y competencia, no al consumo habitual de queso.

La comparación con 2018 permite medir el salto: entonces se pagaron 14.300 euros por una pieza de peso parecido. La diferencia es de 23.200 euros, equivalente a un incremento nominal del 162% en ocho años. El cálculo no es un índice de inflación, pero muestra cómo cambia la cantidad aceptada por un bien muy demandado.

Subasta como termómetro

El caso permite separar dos movimientos que suelen confundirse. En una puja, el precio depende de cuántos compradores quieren la misma pieza y del valor que le atribuyen. La elaboración de la quesería Ángel Díaz Herrero, su maduración de nueve meses en la cueva Los Mazos y el reconocimiento del certamen forman una prima ligada a la escasez.

En los gastos domésticos aparece otra presión. El precio de la luz y otros recibos reducen el dinero disponible para el resto del mes; cuando el encarecimiento se repite, el hogar debe recortar cantidades o renunciar a compras. Ahí se ve cómo una subida reduce el margen familiar.

En un hilo publicado en X el 31 de agosto, Santiago Niño Becerra resumió la primera lectura de la puja: "nadie invierte para perder". El restaurante espera obtener un rendimiento superior al desembolso, de modo que el retorno buscado orienta la decisión.

 

Calidad, escasez y demanda

La segunda idea del economista se refiere al valor de una pieza irrepetible: "La altísima calidad tiene el precio que quien la compra está dispuesto a pagar". La lógica convive con la de productos cotidianos, como muestra el precio del diésel, condicionado por costes, impuestos y márgenes, factores que también afectan al consumo.

El titular de Becerra pone el foco en la relación entre precios e ingresos: "El dinero cada vez vale menos, lo vemos diariamente en la pérdida de poder adquisitivo". Si una nómina conserva su cifra pero la cesta se encarece, se reduce lo que puede comprarse con ella. La renta nominal no garantiza el mismo bienestar.

Por eso el 162% del Cabrales debe leerse con cuidado. El aumento reúne inflación, reputación, oferta limitada y rivalidad, por lo que no permite afirmar que todos los productos hayan subido igual. Para el economista, deja una imagen concreta de que "la pérdida de valor del dinero es descomunal" ante un bien excelente y difícil de sustituir.

El queso seguirá siendo el ejemplo que disparó la conversación, pero la tesis mira más lejos. La pregunta relevante para una familia no es cuánto cuesta una pieza premiada, sino cuántas compras puede sostener con sus ingresos cuando cada subida estrecha el presupuesto. Ahí aparece la pérdida de poder adquisitivo que describe Becerra.




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