Entrar en una universidad significó, durante siglos, abrir una puerta que estaba reservada a los hombres. Hoy el fenómeno se da en sentido contrario: en las orlas universitarias del mundo, las mujeres son mayoría entre los rostros que nos miran desde la pared y no un hueco ganado a pulso entre filas de chicos universitarios. En todos los países de Occidente la estadística es la misma desde hace años. También en España. En nuestras fronteras, según los últimos datos disponibles del Gobierno, hay un 57,8% de mujeres que obtuvieron su título universitario frente a un 42,2% de hombres. No hay nación en la Unión Europea en la que no se replique esta proporción. De hecho, hay países, como Islandia, en los que la diferencia entre ambos sexos es mucho más marcada (allí el porcentaje de chicos del total de titulados universitarios es del 30%). En Estados Unidos, ese país que adora poner etiquetas y donde todo pasa antes que en Europa, lo han llamado 'male flight' (vuelo o renuncia masculina). El término, que es amplio y no sólo se refiere a la vida académica, describe un fenómeno sociológico por el que los hombres tienden a abandonar los grupos en los que aumenta la presencia de mujeres. Esos 'grupos' pueden ser académicos (como la universidad), pero también laborales, por lo que el 'male flight' explicaría la feminización más rápida de algunas profesiones. Ha ocurrido, por ejemplo, con la presencia de mujeres en la judicatura en España que ya representan el 57% de los jueces y magistrados en activo. En los años noventa, sólo el 30% eran mujeres. En 2013, superaron el 50% por primera vez, y hoy el crecimiento sigue constante, impulsado por las nuevas promociones de la Escuela Judicial. Hay que decir que la cúpula de la judicatura sigue estando en manos de hombres, aunque habrá que esperar para ver si el tiempo termina colocando a perfiles femeninos en los puestos más altos. En cualquier caso, hay una pregunta inmediatamente anterior que en nuestro país no hemos llegado a plantear: ¿por qué los chicos están huyendo de la universidad? «Primero habría que ver si de verdad están huyendo. Que todavía siga aumentando el porcentaje de mujeres que estudian en la universidad no quiere decir que cada vez se matriculen menos hombres», puntualiza Juan Carlos Rodríguez, sociólogo e investigador en Funcas. Este doctor en Educación cree que, en España, el proceso es menos de 'male flight' y más de «mujeres que se comen el mundo». Las chicas, dice, han entendido que su mejor vía de emancipación son los estudios y, además, han rendido mejor en el sistema educativo, tal y como hoy está diseñado. El filósofo y profesor de Antropología Pedagógica, José María Barrio, va un paso más allá y dice no hablar desde su ciencia, sino desde su experiencia con la tiza (39 años en la Universidad Complutense y cinco en institutos de Bachillerato). En su opinión, los chicos varones tienen, en general, un gran complejo de inferioridad ante las chicas en la universidad. «Ya desde la enseñanza media están acostumbrados a que las buenas notas son para las chicas y esto es lógico porque estudian y se esfuerzan más», añade. Los chicos se conforman con aprobar, y cuando vienen a una revisión de examen traen esa expectativa. Las chicas a veces también, pero a menudo quieren más que aprobar. «Para ellos, eso es el triunfo académico, para ellas, lo es destacar», resume. Para Barrio, las diferencias madurativas se podrían reducir con un modelo de educación diferenciada, «un tema que en España no se puede ni chistar en el ámbito académico», opina. En Estados Unidos, que han hablado largo y tendido sobre el fenómeno, se suele mencionar la idea del fracaso educativo en los niños. Según esta explicación, los chicos salen tan vapuleados de la enseñanza obligatoria que empiezan a optar por otras vías para ganarse la vida. El centro de investigaciones Pew ha descubierto que los varones son más propensos a pensar que no necesitan un título universitario para los trabajos que desean. También se ha constatado que la Formación Profesional y los trabajos manuales siguen siendo más atractivos para ellos que para ellas. Pero para algunos rectores en Estados Unidos la causa es económica y, en realidad, tiene que ver con que los hombres tienen un mayor deseo de ganar dinero antes. «Creo que no todo lo podemos explicar con cómo les fue a los chicos y a las chicas en la escuela. Hombres y mujeres reaccionan de forma distinta ante las situaciones económicas», argumenta Rodríguez. Por ejemplo, en el 'boom' económico español, en la última década de los noventa, muchos varones jóvenes renunciaron a estudiar. «Sentían que aquello era perder el tiempo miserablemente y preferían ir a la obra y ganar 2.000 euros al mes. Después, con la crisis, los jóvenes varones siguieron estudiando en la universidad porque no era buen momento para salir al mercado de trabajo», recuerda este sociólogo. Hay diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres e incluso hay quienes defienden que los varones son más movidos y los sistemas educativos, estáticos y de escucha, están pensados para que se adapten mejor ellas. En puridad, el 'male flight' defiende que cuando un gran número de mujeres entra en una profesión, grupo, afición o industria, los hombres la abandonan. Y esa industria entonces se devalúa (se reduce su prestigio social y el sueldo que cobra de media la profesión). Si aplicamos la teoría a la universidad, tendríamos que asumir que el hecho de que haya más alumnas que alumnos estaría reduciendo el prestigio de la educación superior. Son numerosos los investigadores que se plantean su utilidad laboral desde que la IA llegara a nuestras vidas, sin embargo, habría que hacerse la siguiente pregunta: ¿La universidad se está devaluando por culpa de las mujeres o por una coyuntura global que la percibe como un ente del pasado, obsoleto ? De hecho, una investigación publicada por la Social Science Research Network, una plataforma académica internacional, afirma que la prima salarial asociada a tener estudios universitarios lleva varios años disminuyendo de forma constante. Es decir, el dinero adiciona l que cabe esperar ganar por cursar estudios universitarios está bajando . Según una estimación, dicha prima salarial ha caído algo más del 8% desde 2022 en Estados Unidos. No son pocas las voces que cuestionan la validez del 'male flight' y le ven «bastantes agujeros», como Pablo Malo, que es psiquiatra experto en Psicología Evolucionista. Cuando se examinan con detalle profesiones que se han feminizado, dice, la devaluación no aparece de forma automática ni universal. Y emplea el ejemplo de los veterinarios. «Los salarios reales se han estancado en las últimas dos décadas, pero no han colapsado; además, dentro de la misma profesión los hombres siguen ganando más de media, lo que sugiere que las diferencias de horas trabajadas, estilo de negociación e interrupciones de carrera explican buena parte de la diferencia». Es decir, cree que la devaluación de una profesión no está relacionada con el hecho de que la ejerzan mujeres. Pero, volviendo al paso anterior, al universitario, hay un último argumento que resuena en los sectores más conservadores de Estados Unidos: el izquierdismo y el feminismo que impera en las universidades sería hostil con los hombres y por eso estos no querrían continuar con el recorrido académico. José María Barrio coincide con esta teoría y explica que, en su experiencia en la Universidad Complutense, lo que ha visto es «que hay un número importante de chicos que desea salir cuanto antes de espacios académicos en los que se les ve como abusadores potenciales». Rodríguez, por su parte, reconoce que el mundo «está cambiando más para los chicos que para las chicas en términos negativos y ya no es tan seguro para ellos como lo fue antaño». En Estados Unidos, algunos medios como 'The New York Times' han escrito ríos de tinta sobre cómo ira cambiando el mundo con la feminización de todas las profesiones. De momento, son todo hipótesis cuya validez se irá demostrando mientras las orlas hablan por sí solas.