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Óscar Martínez: “El exilio te vuelve un sujeto del pasado, pero un periodista no puede permitirse eso, debe seguir”

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“A los exiliados salvadoreños: esto acabará. Volveremos”. Óscar Martínez, jefe de redacción de El Faro, el diario digital que Nayib Bukele considera un enemigo, incluye esta dedicatoria en las primeras páginas de su último libro. Es un perfil del presidente salvadoreño contado en seis episodios, que Martínez ha titulado Bukele, el rey desnudo. Lo escribió en 2025, en los primeros seis meses de su exilio, cuando debió salir de su país por una orden de captura que le pisaba los talones. Lejos de casa, los reporteros investigan, pero también hablan de lo cotidiano. Hay quienes piensan en qué hacer con las propiedades que dejaron en El Salvador y otros que sufren por no poder abrazar a sus hijos. Están los que cuentan que sus parejas los dejaron y los que aguardan, estoicos. Martínez es de estos últimos. Dirige una redacción que debe resistir no solo al acoso del gobierno, sino a unas finanzas que se complican por la lejanía. Es un comandante al mando de una nave que espera por el retorno.  

 

¿Cuándo te diste cuenta de que eras un exiliado?

 

Mira, fue un proceso lento, pero yo creo que el proceso de conciencia absoluta va llegando con los detalles de la vida. Cuando empezás a amueblar una casa, cuando firmas un contrato por un año en un departamento, cuando comprás fundas para tus almohadas. Pero el proceso real ocurre cuando nosotros descubrimos con evidencia que el régimen estaba esperándonos para capturarnos. Tiempo después de que nosotros cancelamos nuestro regreso a El Salvador, lo cual ocurrió el 7 de junio del año pasado, descubrimos un plan policial para implantarnos drogas en nuestras maletas a nuestro regreso de Costa Rica. Cuando supimos eso, entendimos que volver sería inviable. Y la pregunta no es cuándo lo entendimos, es cuándo lo asimilamos. Yo te diría que mi exilio lo asimilé este año, aunque yo sé que soy un exiliado desde mayo del año pasado.

 

¿A qué le llamaban salida preventiva en el Faro?

 

A ver, no solo durante la administración Bukele, que llegó en junio de 2019, esto ya nos había pasado antes. El Salvador es un país violento, sus cuerpos de seguridad son violentos, sus grupos criminales son violentos y ahora mismo la dictadura es represiva. Entonces nosotros lo que hacíamos, cuando íbamos a publicar un material que nos parecía explosivo, que acusaba a un personaje clave, que revelaba pactos con criminales, el periódico nos sacaba del país horas o días antes de publicar, para que encaráramos desde afuera las posibles amenazas y eso nos funcionó. En mi caso, por ejemplo, cuando descubrimos en 2015 que la policía había cometido una masacre de ocho personas, que había vendido como un enfrentamiento, mi salida preventiva sirvió para que, cuando los policías de civil que llegaron a mi casa a intentar matarme, no me encontraran a mí ni a mi hija.

 

Digamos que la suma de muchas salidas preventivas ha terminado siendo un exilio.

 

Sí. O sea, si volvemos al país, vamos a las cárceles de Bukele, tal como lo ha dicho públicamente el director del organismo de inteligencia del Estado, Peter Dumas, que nos ha acusado de ser traficantes de personas. Entonces, nosotros no tenemos ninguna duda de que utilizarían muchos de los delitos que tanto él como Bukele nos han adjudicado en público para acusarnos en las cortes de, por ejemplo, ser socios de las pandillas, lo cual es de un cinismo profundo, porque Bukele, y esto es un hecho comprobado, construyó su ascenso al poder como socio de esos asesinos.

 

¿Cómo era la relación del Faro con Bukele antes de que llegara al poder?

 

El Faro nunca ha sido amigo de los políticos, no creemos que debamos tener una cercanía más allá de la que establece la relación fuente periodista, pero Bukele, sobre todo allá por 2016, cuando empieza a quebrarse su relación con el partido al que pertenecía, que era la izquierda, porque el vestía de rojo, él estaba en la exguerrilla salvadoreña; cuando empieza a entender que ese partido no le iba a conceder la candidatura presidencial de 2019, Bukele empieza a retuitear muchas de las investigaciones de El Faro, a elogiarlas, a decir que revelaban cómo el gobierno de ese entonces era corrupto. Bukele con mucha alegría movía esas piezas en su cuenta de twitter, y también aceptó cuando lo invitamos en 2016 al foro centroamericano de periodismo que todavía hacíamos en El Salvador. Bukele accedió a llegar junto con unos expertos internacionales a hablar sobre la rehabilitación, sobre la inserción de los jóvenes. Y hablaba de darle oportunidades a aquellos muchachos que habían coqueteado con las pandillas, de enfrentar eso no simplemente con violencia. Aquel Bukele era otro Bukele. Yo digo en el libro Bukele el rey desnudo, que él nunca tuvo un proyecto de país, Bukele siempre tuvo un proyecto mesiánico y la única regla de ese proyecto es estar él en el poder.

 

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Tratemos de hacer un perfil de Bukele, ¿él podría tener el poder sin el uso de las redes sociales?

 

No, muy difícilmente, porque Bukele revolucionó la manera en la que, de forma muy precaria, se manejaban las redes sociales en El Salvador. Tampoco es que tuviera una competencia muy complicada. Cuando al presidente anterior a Bukele, que era el ex comandante guerrillero Salvador Sánchez, le preguntaron cuál era su cuenta de twitter dijo que era twitter.com.

 

No conocía nada.

 

Digamos que no era tan difícil ganarle a un hombre de 80 y pico años que pensaba así. Entonces, Bukele encontró gente que creía que eso era bagatela, que creía todavía en las viejas formas, de hacer mítines masivos. Y Bukele construye una narrativa en redes sociales que a día de hoy asusta. Es decir, Bukele, cuando vos publicas algo que le molesta, su reacción puede llegar a ser, te digo, decenas de videos en YouTube, promocionados desde cuentas que están financiadas por el Estado, contraviniendo tu mensaje. Yo les lanzo ahorita mismo un reto y les pido que cuando esta entrevista se emita, ustedes noten esas redes, lean cómo se llaman las cuentas que nos van a insultar y que van a decir que yo soy un miembro de pandillas y que el exilio ha sido toda una farsa.

 

Sin embargo, las redes sociales también pueden mostrar sus contradicciones. Estaba viendo el video en el que él presenta Bitcoin City, con mucha pompa, con música de AC/DC. Pero a continuación de ese video, está otro de un pobre hombre que le creyó, que perdió todos sus ahorros en la farsa de Bitcoin City. Así que parece que las redes sociales también podrían serle desfavorables.

 

Sí, pero fíjate la amplitud que tiene el mensaje. Sí hay algunos videos que cuentan la historia de Keegan Corbin, que es el estadounidense que quiso ser el primer habitante de Bitcoin City y se fue a vivir a las faldas de un volcán, donde lo único que hay a día de hoy son las faldas de un volcán. Hay un par de medios que sacaron esa historia, sí. Pero, ¿cuántos medios dijeron que Bitcoin City iba a existir? Cientos de medios, en todos los idiomas. ¿Y cuántos medios dijeron que fue mentira? Decenas. Es decir, Bukele logra que el mensaje permanezca, Bukele logra hacer esos shows enormes. Recuerdo otro que puede servir ¿Cuántos medios replicaron la selfie de Bukele en Naciones Unidas? ¿Y cuántos medios lo convirtieron en un gran gesto de elocuencia? Pero era una tontería. ¡Se tomó una selfie y después no dijo nada! Escuchen el discurso posterior, es completamente vacío, le fue a informar a los señores de Naciones Unidas que sus plenarias no eran virales. ¿Y de cuándo acá han querido que sean virales? Si no son un show de un youtuber. Pero Bukele va poniendo esos gestos que el mundo le replica.

 

Hablando de su discurso, tú dices que el Salvador tiene 22 cárceles, pero Bukele solamente le presenta una al mundo, ¿por qué?

 

Porque él ha hecho una cárcel show. Es decir, Bukele ha reunido a todos los pandilleros tatuados de la cara, algunos de ellos ya retirados, que eran incluso pastores evangélicos, que estaban en la calle y habían cumplido sus condenas. No digo que la mayoría, pero algunos. Y lo que hace es volver a capturarlos y reunir de las demás cárceles a todos los que tenían tatuajes en la cara. Bukele los reúne ahí para que un montón de youtubers quisieran pasearse en la cárcel perfecta, llenos de malos perfectos, que parecen enemigos de una saga de Marvel; para que la exsecretaria de Trump, Kristi Noem, llegara y se tomara fotos; para que todo presidente conservador y represivo que quiera dar un mensaje a sus votantes en cualquier parte del mundo, creyera que era icónico tomarse una foto en el Cecot, rodeado de esa gente, y vendieran esa como la solución última a los problemas de un país.

 

¿Cómo describirías la personalidad de Bukele?

 

Creo que es un megalómano, creo que es mentiroso. Creo también, hay que decirlo, que es un hombre muy decidido. Va para adelante, soportó enfrentarse al gobierno estadounidense cuando lo criticaban. Y creo que también es un hombre que tiene una egolatría enorme. Es decir, Bukele honestamente piensa que él tiene la última idea, y sobre todo también creo que es un hombre cruel.

 

¿Por qué dices lo de cruel?

 

Mira, Bukele sabe, o debe saber, que el gran porcentaje de los reos que han caído presos en las cárceles del régimen son inocentes, que fueron capturados por cuota. Es muy fácil saberlo, está sobre diagnosticado. Bukele debe saber, porque hay evidencia, que más de 500 cuerpos han salido con señales de tortura de esas cárceles, muertos, que no estaban acusados de nada. Bukele debe saber que hay muchos juicios masivos donde a la gente le están acusando sin ninguna evidencia, y debe saber que dentro de esas cárceles están ocurriendo torturas masivas. Pero con tal de no dar su brazo a torcer, y con tal de no agrietar su discurso, ese hombre permite que a esa gente la torturen. Eso es crueldad.

 

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Ahora, en tu libro presentas también a un hombre contradictorio, sobre todo en sus tuits. Voy a leerte dos. Escribe Bukele (en 2013): “Si nuestra política es mala, imagínela si no existieran periodistas. ¿Vieron qué importantes son? Felicidades, periodistas”. Y hay otro más, sobre las elecciones en Estados Unidos (de 2012). Él dice: “Los que tengan familiares en Estados Unidos, por favor, llámenlos y pídanles que voten por Barack Obama”. Este es otro Bukele.

 

Sí, hay una crónica que a mí me parece muy interesante, que publicamos en El Faro, que se llama 'Bukele sin la L, sin la G, sin la B, sin la T, sin la I, sin la Q'. Bukele antes se vendía como un defensor de las comunidades de la diversidad sexual y se fue a tomar una foto con todos ellos, con todas ellas, con la bandera arcoíris en frente. Cuando le convenía eso, iba y decía: “Yo quiero estar del lado correcto de la historia”. Pero después, todo el bukelismo ha acusado a los movimientos feministas, ya no te digo a las comunidades de la diversidad sexual, de ser brujas, de estar haciendo rituales satánicos. Y Bukele ha llegado a decir, con toda la lucha por la posibilidad del aborto, que eso es un genocidio. Es decir, el hombre tiene un cinismo para cambiarse la cara que poca gente tiene. Y no olviden esto, el Bukele que ahora dice que es trumpista, que da discursos en Heritage Foundation, que dice que el globalismo murió en El Salvador, ese mismo hombre es el que hace no mucho felicitaba o recordaba al Che Guevara en su aniversario luctuoso.

 

Hoy me estás respondiendo desde México, has estado en Guatemala. Siempre tienen la necesidad de cambiar de centro de operaciones, supongo que por un tema de seguridad.

 

Sí, yo estoy radicado en Ciudad de México. Este país me dio refugio, lo cual quiere decir que este país, a través de su comisión de refugio, estudió mi caso, vio mi evidencia y concluyó que mi vida corría riesgo en El Salvador, como la de varios otros de mis colegas y de otros medios. Pero, te digo, no te dan refugio porque les dices que te persiguen. Te dan refugio si les demostrás que te persiguen. Entonces, sí, yo estoy radicado acá y aquí hay una buena comunidad de periodistas, ambientalistas, fiscales, exjueces perseguidos por el bukelismo. Y les digo algo, el mundo se va a seguir llenando de refugiados salvadoreños. Bukele tiene un plan para cerrar filas antes de que Trump salga del poder en 2028.

 

¿Llevan una cuenta de cuántos periodistas hay exiliados fuera de El Salvador?

 

La Asociación de Periodistas de El Salvador reveló hace unos meses que 53 periodistas salvadoreños están exiliados. Acuérdense de una cosa, nosotros somos un país súper pequeño, de 6 millones de habitantes, de 21 mil kilómetros cuadrados. 53 periodistas es una gran parte del grupo de periodistas críticos.

 

Hagamos memoria. ¿Recuerdas qué llevabas en la mochila la primera vez que tuviste que salir por seguridad de El Salvador?

 

Llevaba apenas cosas. Llevaba la computadora. Te puedo decir que como no pretendía ir a eventos públicos, sino a publicar, yo llevaba ocho camisetas muy informales, un par de camisas de botones, no llevaba ni siquiera un saco, ni abrigo, porque en aquel momento, donde estaba, no hacía frío. Pensé que iba a ser una semana, no llevaba más de siete prendas de ropa interior, ni más de ocho bolas de calcetines. Ninguno de nosotros pensó que se iba a quedar afuera para toda la vida. A día de hoy mis libros siguen sin estar conmigo, mis álbumes de fotos no están conmigo.

 

¿Y la familia?

 

Estamos desperdigados, tuvimos que salir todos del país. Estamos en diferentes países. Mi hermano Carlos, con quien gané el premio Gabo recientemente, sí está aquí en México, conmigo. No en mi propia casa, pero vivimos juntos en esta ciudad.

 

¿Y cómo llevan esta diáspora familiar?

 

Es difícil, también es caro, porque tenemos que viajar, pagar boletos, juntarnos, elegir lugares para juntarnos. Antes, la Navidad y el 31 de diciembre se pasaba en un lugar muy concreto. Mi familia siempre ha recibido a mucha gente, colegas periodistas y de otra naturaleza, gente querida. Entonces ya sabíamos a dónde íbamos. Ahora, sí te digo una cosa, yo no me puedo vender como alguien que materialmente ha tenido el peor exilio. Yo salí con una carrera más o menos hecha. El Faro sigue vivo, con las uñas, pero seguimos vivos, financieramente haciendo lo que podemos por sobrevivir y, bueno, yo sigo teniendo un salario. Pero yo he conocido gente del exilio salvadoreño, nicaragüense, que se han tenido que poner a vender tamales para sobrevivir. Periodistas con información muy valiosa, con experiencia en los juzgados. He conocido periodistas en Costa Rica durmiendo en el Parque de la Sabana y he conocido colegas aquí que se han tenido que meter de a cinco en un apartamento para poder pagarlo.

 

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¿Tienes temor de que el exilio deje de ser temporal y que más bien se convierta en tu manera de vivir?

 

Yo al exilio le temo de muchas maneras, le temo a que a mi país yo vaya a entrar con canas en la cabeza. Yo tengo 43 años, no sé por qué aún no tengo canas, pero supongo que cuando vuelva voy a tener el pelo poblado de canas. Bukele ya dijo, va a una reelección en 2027, él va a ganar, no hay para dónde. Ya modificó todas las reglas electorales, reformó todo para tener una votación mayor. Entonces, él va a elegirse, lo cual implica que debe estar hasta el 33, si solo se queda los seis años más que dice. Pero además el exilio trata de volverte a una cosa ante la que tenés que resistir si sos periodista. Te trata de convertir en un sujeto del pasado. Es decir, alguien que supo, alguien que ya fue expulsado del lugar original. Y un periodista no puede ser un sujeto del pasado, porque debe seguir publicando. Tu función es revelar, demostrar, explicar. Entonces, es muy cansado huirle a esa condena, a ser un sujeto del pasado. Yo no puedo permitir que esa sea mi característica, yo gobierno una redacción que debe publicar todas las semanas, revelaciones, información, crónicas. No puedo revelar los mecanismos mediante los cuales seguimos, pero sí te puedo decir que eso te obliga a un nivel de creatividad, de pensamiento, que es muy cansado. Yo no puedo decir que este ha sido un año miserable, pero sí ha sido el año más cansado de mi vida.

 

Recuerdo un fragmento de la crónica con la que ganaron el Gabo. La hija de uno de tus colegas, antes de que él escapara de El Salvador, le decía: “Papá, tengo la sensación de que, así como en los videojuegos, se te ha pagado una vida. Espero que la que viene ahora funcione mejor”. ¿Es una buena metáfora para los exiliados?

 

Sí, definitivamente se nos acabó de momento una vida, se nos acabó el país que conocíamos. O sea, cuando nosotros volvamos a ese país, sea con las condiciones que sea, estando Bukele o no, vamos a encontrar un país que tiene modificada toda su forma de habitar. ¿Cómo le enseñamos a los policías cuando Bukele salga que no pueden capturar a quien les dé la gana? ¿Cómo le explicás a los fiscales que tienen que reunir pruebas para acusar a la gente? ¿Cómo le explicás a los jueces que es un delito condenar sin evidencia? A ese país vamos a llegar, a un país que va a haber que construir otra vez.




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