Tiempo de descuento en
Elche. Jugadón de
Bellingham, cabalgada de
Mbappé y otro gol de
Carlos Espí para amarrar los tres agónicos puntos. Un 2-3 salvador para el Madrid y para un
Mourinho que, en los momentos difíciles de los encuentros, solo se le ve en la banda diciendo “vamos, vamos” a sus chicos, como si de un entrenador amateur y con pocos recursos tácticos se tratase. Pero ese gol de Espí salva también a Marc Cucurella de las críticas que ya arreciaban en las radios españolas que retransmitían el partido. Su regalo, por un mal despeje con la derecha en el minuto 83, había propiciado el gol de
Fer Niño. Un equipo que perdía 0-2 al descanso, había logrado empatar por un gol de cabeza de Osorio, que se anticipó al salto de Cucurella y por otro tanto fruto de la presión alta y del error infantil en la salida del lateral de Alella.
Cucu estaba siendo señalado por su fallo evidente, pero todo el equipo blanco se había dormido en los laureles y
Vinicius -más balón de playa que nunca- había malbaratado tres ocasiones de gol de las que un delantero en forma no suele desaprovechar. En esta ocasión, en la jugada del 2-2,
Cucurella no podía culpar a sus botas de los goles rivales como hizo, dos años atrás, en un
Tottenham-Chelsea cuando dos resbalones suyos supusieron dos tantos de los Spurs en los minutos iniciales del derby de Londres. Ese día, Cucurella se cambió de botas, las tiró, colgó la foto en Instagram y pidió perdón a la afición del
Chelsea.
Leer más
]]>