A un servidor no le molestó el ya célebre numerito de las camisetas. Fue algo peor: me produjo una punzada de decepción y de ese estupor que se siente al ver cometer un error a alguien a quien que aprecias. Lo habría entendido si obedeciera a la insensibilidad, la arrogancia, la mala leche, incluso el sectarismo, como en el caso del Barça, pero fue por torpeza y por pereza. Torpeza del club por no explicar el sentido del gesto a sus jugadores, que en su inmensa mayoría son de nacionalidad extranjera, y pereza mental de éstos por no hacer el mínimo esfuerzo de comprender los problemas del país en que juegan y el carácter simbólico del escudo que llevan. El...
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