Una mujer de 60 años, que trabaja como empleada del hogar y tiene reconocido un 38% de discapacidad
solicitó una pensión por incapacidad permanente al considerar que sus enfermedades le impedían continuar desarrollando su actividad laboral. Además, también padece fibromialgia, dolores cervicales, problemas en ambos hombros, ansiedad y pérdida de audición.
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