No sé si conocen Francia. Es el más apacible de los países. Todo en él es mesurado: el relieve, la vegetación, hasta el vino, de una suavidad aterciopelada. Y, sin embargo, desde hace algunos años todo es violento, cada vez más violento . Desde 2015 me levanto en mitad de la noche para despertar a mis contemporáneos con malas noticias. Noticias cada vez más difíciles de soportar. He perdido la cuenta de los amigos que prefieren escuchar música antes que someterse a semejante martirio. Todo empezó con la oleada de atentados islamistas de 2015 , que dejó al país atónito. Después llegaron los chalecos amarillos, una movilización social sin precedentes, ajena a cualquier medida conocida. Luego, la letanía de las...
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