Con premios gordos como el Nadal o el Planeta , que son los que más tela reparten, el gallinero literario se agita de lo lindo. Y, cuando sale el fallo, todo salta por los aires: que si este quién es, que si hay un complot, que si la novela es mala, que si «tendría que haber ganado el otro» (o «yo», dirá alguno) y muchos etcéteras. En este saco hay egos, envidias, rencillas y —quiero pensar— también algo de gusto y hasta de crítica literaria, pero a veces sueño con un nuevo Freud que analice este tipo de explosiones públicas. Acaso la sospecha mayor sean los acuerdos bajo mano y los tejemanejes cortesanos, con editoriales que quieren potenciar a este...
Ver Más