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Almudena Cid, 46 años, sobre su dura infancia en Vitoria: «Me sentí aislada. No iba a los cumpleaños de mis compañeros de clase y nunca tuve un grupo de amigas»

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Abc.es 
Hablar de gimnasia rítmica en España es hablar de Almudena Cid . La atleta vitoriana compitió de forma activa durante 21 años, superando la barrera de longevidad habitual en esta disciplina y retirándose en el año 2008 , con 28 años. A lo largo de su carrera consiguió 8 títulos de campeona nacional. Es la única gimnasta en participar en cuatro finales olímpicas consecutivas, siendo estas Atlanta 1996, Sídney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008. Su legado sigue vivo en la actualidad de distintas maneras. Tiene un movimiento de pelota con su apellido, el llamado 'Cid Tostado'. También da nombre a una competición anual en Vitoria, su ciudad natal, y a un centro de actividad física adaptada. Miles de niñas ven en ella un referente para perseguir sus sueños de dedicarse al deporte y al baile de forma profesional. Almudena pretende ser un altavoz para la disciplina y la ambición , fomentando el deporte entre los niños con sus libros, numerosas apariciones en público y un perfil activo en las redes sociales ( @almudenacid en Instagram). Esta historia de grandeza comienza de una forma sencilla. Almudena Cid nació el 15 de junio de 1980 . Conoció la gimnasia rítmica como una extraescolar del colegio, aunque pronto demostró una gran habilidad y flexibilidad y sus monitores le ayudaron a profesionalizarse. Ahora la exgimnasta tiene 46 años, pero todavía recuerda aquellos inicios de su aventura competitiva, especialmente, tiene memoria de aquellos momentos en los que se sintió fuera de lugar por su trabajo. «Me sentí aislada . No iba a los cumpleaños de mis compañeros de clase y nunca tuve un grupo de amigas» . Con esa vulnerabilidad explicó en una entrevista en ' Espejo Público ' en el año 2023 confesó que su infancia no fue normal por la gran presencia del deporte en su rutina, y que ello le hizo sufrir. La joven Almudena, en plena adolescencia, vivió el éxito en el deporte como algo que la separó de sus compañeros de clase. «Cuando destacas desde pequeña en una disciplina deportiva, en el colegio ya te sientes un poco diferente al resto», declaró. «No iba a los cumpleaños de mis compañeras de clase y en mi infancia sentí que estaba aislada», contó. «No tenía círculo de amigas como tal. Yo cuando veo a un grupo de amigas juntas, yo esto no lo he tenido nunca», se lamentó. Sus primeras victorias en campeonatos regionales y viajes a Rusia, Inglaterra o Hungría, eran un motivo de vergüenza al volver a clase. «Cuando tenía algún éxito, de repente, aplaudían en clase y yo no quería porque eso me iba a alejar aún más de las amigas». El aislamiento ocurrió en clase y, luego, al salir del colegio, ya que Cid tuvo que utilizar sus horas de ocio para entrenar. «Vivía entrenando 8 horas diarias, no tenía tiempo para jugar» , contextualizó. En 1994, con 14 años, entró en la selección nacional de gimnasia rítmica de España individual, bajo la dirección de Mar Lozano, y comenzó su entrenamiento para las olimpiadas de Atlanta 1996. «Cuando llegué al equipo, mi grupo de amigas eran las gimnastas de la selección mundial» . Vivió en un chalet en Canillejas con otras chicas prodigio como ella. Las amistades en Madrid también se le atascaron, provocándole un dolor especialmente profundo, ya que estaba lejos del consuelo de su familia. Se desahogó con la ayuda de un diario : «Lo empecé a escribir cuando, con 14 años, me tuve que alejar de mi familia y viajar a Madrid. Intentaba trasladarles la menor angustia posible». Leyó en voz alta una de las entradas de esta agenda íntima: «Ya estoy aquí otra vez. La verdad es que el día de hoy fue como el de ayer, lo único es que una amiga me ha contestado, me pega espantones, no me trata demasiado bien . La verdad es que está cambiando mucho y me gustaría decírselo, pero no sé cómo porque sé que se va a enfadar, se lo va a decir a todas y luego me van a criticar , se van a arropar entre ellas y prefiero ahorrarme estos problemas». Almudena Cid se sintió aislada de los chicos de su clase, de las otras atletas de Madrid, y superó de forma amarga la adolescencia. Hoy en día es capaz de hablar de ello y utiliza su altavoz para acompañar a los niños que puedan sentirse en esa situación.

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