Si hay un argumento que la izquierda ha repetido hasta la saciedad estos días, es el de que detrás del accidente de Urda está la liberalización de la alta velocidad: al abrir las vías a nuevos operadores, se habría antepuesto la competencia a la seguridad, y de ahí que hoy los trenes sean menos seguros que antes. Y el razonamiento se extiende también a Adamuz: dos accidentes mortales en menos de un año serían la prueba de que la competencia pone vidas en riesgo. El problema es que todos los fallos identificados hasta ahora, tanto en Urda como en Adamuz, corresponden a Adif, la empresa cien por cien estatal que gestiona la infraestructura y la circulación. En Urda, primero se...
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