Que en España hay dos bandos lo sabemos muy bien todos. El tema es que estábamos mirando hacia otro lado, pensando que la frontera que separaba a uno del otro era ideológica cuando, en realidad, es la decencia. Lo malo es que para distinguir muy bien estos dos bandos necesitamos de una desgracia, como la que ha ocurrido esta semana en Urda. En uno de los bandos están las personas que merecen la pena. La de los que se paran cuando ven a alguien tirado en la calle, la de quienes preguntan por el vecino cuando llevan días sin verle, la de quienes llenan una bolsa de medicamentos, de comida o de lo que sea y dejan todo para ayudar...
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