Lugar para el reencuentro (90): Shakespeare, más allá de la tragedia
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Beatriz Villacañas, poetaEn su producción dramática Shakespeare no es sólo un dramaturgo y un psicólogo excepcional, es también un poeta, tan poeta como en sus poemas Venus y Adonis, La violación de Lucrecia y sus 154 Sonetos. Sublime es la poesía que articula la palabra de Hamlet, la de El Rey Lear, la de los protagonistas de El sueño de una noche de verano, la de Macbeth, la de La Tempestad y, podemos decir, la de todos sus dramas. Shakespeare, poeta en cada una de sus obras. Cómo vibra, poderosa e implacable, poesía de las tragedias y de los sonetos de Shakespeare. Pero hay una diferencia: en la tragedia, Shakespeare ahonda en el mal, en el dolor, en el error humano, todo ello irreparable. Sombrío, perturbador el panorama. En los Sonetos, y esto es muy digno de resaltar, Shakespeare muestra una fe absoluta en el amor, en el poder del amor sobre el tiempo, especialmente sobre el tiempo y sus estragos, el tiempo que arruga mejillas y debilita los cuerpos, «No es el amor el juguete del tiempo», nos dice en el soneto 126, «aunque al compás de su guadaña caiga la frescura de labios y mejillas; / no se altera el amor con sus fugaces horas y semanas:/ sobrevive hasta el mismo fin del mundo». Más allá del rostro sombrío, aunque extraordinariamente hermoso, de la tragedia, Shakespeare nos muestra la luminosa faz de quien cree, como Dante que «El Amor mueve el sol y las demás estrellas».