Desde hace más de 5.000 años se utilizan las técnicas y estrategias más inverosímiles para averiguar los secretos del enemigo, un arma más peligrosa que los cañones o las espadas. Incluso con herramientas rudimentarias, los antiguos ya apreciaban la importancia de contar con buena información sobre el adversario, una necesidad que se convirtió en todo un arte en la Edad Media y en un complicado entramado tecnológico e informático en la actualidad