Sobre los 40 diputados: ineptitud y gravísimo peligro
Cuando el candidato que prometió “comerse la bronca” y resolver los problemas nacionales juró el cargo, afirmó solemne y categóricamente que jamás usaría la excusa de que este país es ingobernable. Pero sus palabras rápidamente se las llevó el viento.
Bajo su mandato, el arte de gobernar, ordinariamente concretado en negociaciones, acciones y resultados, se ha convertido en una cansada plañidera, una queja constante, la repartición de culpas a diestra y siniestra, así como el ataque violento a todo aquel que ose expresar una crítica, formular un cuestionamiento o ejercer oposición, que es lo propio en toda democracia.
En el discurso oficial, nada funciona, todo está mal, pero nada es culpa del gobierno, sino de las instituciones perversas, de los corruptos, de los “ticos con corona”, de los partidos tradicionales, de la prensa canalla…
Las excusas esconden, en realidad, la inexperiencia e ineptitud con que se ha gobernado. Además, sirven para reforzar la idea de que existe un “enemigo del pueblo”, contra el que debe lucharse a toda costa, polarizando y dividiendo a la sociedad, para ganar el respaldo de un sector de la población.
En ese contexto, la solución es una y se presenta como evidente: se necesitan 40 diputados, para cambiar las leyes, para quitar esos estorbos que impiden gobernar, que frenan el desarrollo, benefician a los de siempre y perjudican al “pueblo”.
Nunca en la historia costarricense un gobierno ha tenido semejante mayoría en la Asamblea Legislativa. Y, sin embargo, todos los presidentes han podido gobernar. Algunos con más éxito que otros, obviamente, pero ninguno intentó escudar sus fracasos en la necesidad de una mayoría que le permitiera gobernar a su antojo.
Ahora, la candidata Laura Fernández pide con gran insistencia esos 40 diputados, sobre los cuales asienta todo su proyecto político. Tanto ha puesto el acento en ese punto que cabe preguntarse si podrá cumplir alguna de sus promesas si no llega a obtener ese resultado, el cual sabemos es altamente improbable por cómo se asignan los escaños legislativos en Costa Rica.
Ahora bien, la propuesta representa un peligro gravísimo para la democracia. Como bien advirtió Montesquieu, “para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder”.
Esto implica que la estructura del Estado debe diseñarse de modo que existan pesos y contrapesos, para que ninguna persona pueda ejercer el poder sin límites. Porque el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente, como señaló hace siglos Lord Acton.
En Venezuela, Nicaragua o El Salvador, el control total del Poder Legislativo por parte del partido de gobierno permitió la consolidación brutal del poder presidencial, al punto de desaparecer aquellos elementos que identifican a una democracia.
Es claro, entonces, que los 40 diputados son una excusa para esconder la gran impericia demostrada en estos años y azuzar el enojo de algunos contra la institucionalidad, a la vez que desnudan peligrosos ímpetus autoritarios, incompatibles con los valores democráticos.
Por eso, votar en estas elecciones no es simplemente un acto de responsabilidad cívica, sino también un acto de defensa de nuestro modo de vida y de nuestra democracia.
¡Salgamos a votar y llevemos con nosotros a cuantas personas podamos!
rodolfo@brenesvargas.com
Rodolfo Brenes Vargas es abogado.
