El maíz enlatado es uno de esos básicos de despensa que salvan más de una comida. Funciona en ensaladas, salteados, sopas, arroces, rellenos y platos rápidos entre semana . Está cocido, es cómodo y se conserva durante meses. Sin embargo, también arrastra una mala fama: sabor plano, exceso de sal y ese ligero regusto «a lata» que cuesta disimular. Lo curioso es que el problema no es el maíz en sí, sino cómo se usa. Existe un gesto muy sencillo, que apenas lleva un par de minutos, y que transforma por completo el resultado final . Un truco básico, poco conocido, que acerca mucho el sabor del maíz enlatado al del maíz fresco. El maíz en conserva es seguro para consumir tal cual, pero eso no significa que sea su mejor versión. El líquido que lo acompaña (una mezcla de agua, sal y conservantes) cumple una función de conservación, no de sabor. De hecho, ese líquido es el responsable de gran parte del exceso de sodio y del sabor artificial que muchos detectan. Cuando se añade directamente a una receta sin ningún tratamiento previo, ese líquido contamina el conjunto del plato, apaga otros sabores y deja una textura algo blanda y poco agradable. La solución es tan simple como eficaz: enjuagar el maíz antes de usarlo. Una vez abierta la lata, se escurre el líquido y se pasa el maíz por agua fría o ligeramente templada durante unos segundos. Este paso elimina gran parte del sodio, arrastra el sabor residual de la conserva y devuelve al grano una sensación más limpia y natural. Después del aclarado, conviene dejarlo escurrir bien durante un par de minutos y, si es necesario, secarlo suavemente con papel de cocina. El cambio es inmediato: el maíz resulta más fresco, más suelto y mucho más agradable al paladar. El agua de la lata no solo aporta sal, también deja una película sobre el grano que altera su textura. Al enjuagarlo, se limpia esa capa superficial y el maíz recupera parte de su dulzor natural , algo especialmente importante si se va a usar en recetas frías o con aliños suaves. Además, al reducir el sodio, el maíz se integra mejor con otros ingredientes y permite ajustar el punto de sal del plato con mayor precisión. Una vez enjuagado y bien escurrido, el maíz enlatado se convierte en un ingrediente mucho más versátil. Puede saltearse con mantequilla o aceite de oliva para potenciar su dulzor, añadirse a ensaladas con vinagretas suaves o mezclarse con otros productos en conserva previamente aclarados, como legumbres o patatas. También admite sabores más intensos: especias, hierbas frescas, quesos o incluso salsas cremosas. Al partir de un maíz «limpio», cualquier añadido funciona mejor y el resultado final es más equilibrado. En cocina, no siempre hacen falta técnicas complejas para mejorar un plato. A veces basta con entender el producto y tratarlo correctamente desde el primer momento. Enjuagar el maíz enlatado antes de usarlo es uno de esos gestos mínimos que marcan una gran diferencia . Un truco rápido, eficaz y fácil de incorporar a la rutina diaria que demuestra que, incluso con productos de despensa, se puede cocinar mejor sin complicarse. Y si quieres otros consejos para conservar y mantener en las mejores condiciones tus ingredientes favoritos, toma nota de cómo conservar berenjenas o del truco para que tus ensaladas no se pongan rancias en el tupper .