Un agricultor regala 500 toneladas de patatas y rápidamente su finca se llena de clientes reclamando su parte
Cada año se desperdician cientos de millones de toneladas de alimentos en todo el mundo, una magnitud tan descomunal que resulta casi imposible medir este derroche con cifras exactas. La pérdida se produce a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde el campo hasta los hogares, pasando por la distribución y la hostelería. Más allá del impacto económico, el desperdicio alimentario supone un grave problema social y medioambiental en un contexto marcado por el encarecimiento de los productos básicos y la preocupación por la sostenibilidad que repercute sobre nosotros.
A nivel nacional, un estudio publicado en agosto de 2025 por el Ministerio de Agricultura reveló que durante el año anterior se llegaron a desperdiciar en España 1.125 millones de kilos de alimentos. Aunque el dato resulta desolador, el informe también arrojó una lectura moderadamente optimista, pues 2024 marcó un punto de inflexión, al registrarse una reducción del 4,4 % respecto a ejercicios anteriores. Las estadísticas revelaron una media de 24,38 kilogramos de comida tirados a la basura por persona. Estas cifras permiten contextualizar iniciativas como la protagonizada por un agricultor francés, cuyo gesto solidario ha reabierto el debate sobre cómo productores y consumidores pueden colaborar para frenar el deterioro alimentario.
Un agricultor regala 500 toneladas de patatas en Francia
El caso tuvo lugar durante una semana de julio del pasado año en la localidad de Gigny-Bussy, en el noreste de Francia, cuando un agricultor decidió regalar alrededor de 500 toneladas de patatas que no había logrado vender en el mercado. En cuestión de horas, la finca se convirtió en un hervidero de actividad, coches, furgonetas y remolques ocuparon incluso parte de la carretera D396, mientras decenas de personas se acercaban para recoger el producto antes de que sufriera daños irreversibles por el paso del tiempo.
La escena fue recogida por el diario local L’Union, encargado de dar a conocer la noticia y de recopilar los testimonios de muchos de los beneficiarios que acudieron al lugar. El medio describió un ambiente casi festivo, con vecinos cargando sacos, cubos y bolsas, agradecidos por una oportunidad que les permitía ahorrar dinero y, al mismo tiempo, evitar que miles de kilos de alimentos acabaran destruidos.
Según explicó la alcaldesa de Gigny-Bussy, Pascale Chevallot, el agricultor se vio obligado a tomar esta decisión porque las patatas, almacenadas desde la campaña anterior, no tenían salida comercial rentable. En este sentido, venderlas apenas le habría generado beneficios y mantenerlas suponía un problema logístico, por lo que optó por regalarlas antes de que fueran esparcidas en el campo. Este gesto tuvo implicaciones claras, para el campesino supuso reducir pérdidas y costes y para la población una ayuda directa en un momento de precios elevados.
Los beneficiarios agradecen la iniciativa del agricultor
Entre quienes se acercaron a la finca se encontraba Christophe, un ciudadano de 68 años procedente de Clairvaux, en la región de Aube, que se detuvo al pasar por delante del terreno para investigar qué estaba ocurriendo. "Las patatas no son baratas. Así que, cuando puedes conseguirlas gratis, no deberías dejarlas pasar", explicaba ante los micrófonos del periódico regional. También acudió Dylan, un joven de 30 años que vive en Saint-Dizier, acostumbrado a este tipo de iniciativas solidarias. "Hace dos años, encontré 600 kg, que guardé en mi sótano con paja. Se conserva bien, pero no me queda. Así que, cuando supe que había, vine a echar mano", relataba.
No todos los casos, sin embargo, respondieron únicamente a la necesidad doméstica. Algunas personas aprovecharon la situación para revender pequeñas cantidades de patatas en mercados de la zona, reportando beneficios de un producto que su naturaleza principal era benéfica. "Quienes vinieron antes que nosotros dijeron que revendían lo que se llevaban a 15 euros los 20 kilogramos. Y han venido varias veces esta semana", sentenciaba Marion, vecina de Landricourt, que acudió con la intención de recolectar solo para su propio consumo.
Aun así, el episodio deja una lección clara, este tipo de acciones puede sentar un precedente para que agricultores españoles opten por fórmulas similares cuando deban desechar producto por motivos comerciales. Y, por supuesto, para que las administraciones impulsen bonificaciones y ayudas que incentiven estas prácticas ante el aprieto en el que muchos productores se encuentran en nuestro país, fomentando una alianza real entre el campo, los consumidores y el Estado en la lucha contra el desperdicio alimentario.
