‘Claroscuros’, la danza que ilumina las sombras
En un entorno donde la danza trasciende fronteras para anclarse en lo más íntimo de nuestra identidad, Claroscuros emerge como una obra vibrante que fusiona lo global con lo profundamente mexicano. Creada por la coreógrafa María Fernanda Baez, esta pieza colaborativa invita al público a explorar las dualidades de la existencia, luz y sombra, placer y dolor, esperanza y pérdida, a través del lenguaje corporal.Por su fuerza y propuesta artística, esta obra fue seleccionada para presentarse como parte del programa del IMSS, Fidteatros y la Secretaría de Cultura a través del Inbal.Las funciones serán gratuitas y se llevarán a cabo en los teatros Cuauhtémoc, en Naucalpan, Estado de México, los días 16, 17 y 18 de enero, y en el Isabela Corona, en Ciudad de México, 6, 7 y 8 de febrero.“Fuimos seleccionados para los teatros del IMSS y celebramos el apoyo recibido, ya tuvimos un pago por adelantado y la otra parte la recibiremos al concluir las funciones, sin duda es un triunfo para creadores dedicados como nosotros”, dice la artista.La coreografía Claroscuros, precisa su autora, no es solo un performance, es un viaje sensorial que transforma el escenario en un desierto de arroz, un lienzo vivo donde el movimiento deja huellas efímeras pero indelebles. Esta pieza revela un proceso creativo enriquecedor, desde las montañas de Canadá hasta las bugambilias de la infancia mexicana.María Báez, con su formación en Nueva York, Londres y Canadá, cuenta cómo surgió esta obra que dialoga con la danza mexicana contemporánea y sus influencias globales. “Aplicamos en 2022 para una residencia en BM, una institución muy reconocida a nivel artístico residencial, y una beca y nos fuimos a Canadá. Estuvimos ahí en las montañas, explorando las primeras fases de esta pieza cuyo estreno tuvo lugar en 2024”, relata la coreógrafa. Fue en ese entorno aislado donde germinó la idea central: un desierto escénico cubierto de arroz, elegido por su textura orgánica que evoca la vida misma. “Todo el escenario está cubierto de arroz para dar la impresión de arena, no eso da mucha textura a la pieza y a nosotros también como lo trabajamos, como lo utilizamos durante la danza”, detalla Baez, quien destaca que el público a veces sale con “un poquito de arroz” adherido a la ropa, un recordatorio táctil de la experiencia.Los sonidos del arrozEl arroz no es mero elemento práctico, comenta Baez, simboliza el registro del paso humano: “A mí me gusta porque es un elemento orgánico, como para representar la vida, me parece que es fundamental, y algo que tiene la danza es que suena a que una vez que sucede se va, en cambio con el arroz hay un registro de que pasamos por ahí, no de lo que ocurre con el peso de los trazos, incluso cuando se terminan de dibujar los movimientos se registran nuestros gestos”, confiesa Baez con pasión. Esta pieza, resultado de un proceso “bastante largo y bastante enriquecedor”, se consolidó tras aplicar a un programa de apoyo para producción, así se convirtió en una creación completamente colaborativa.Claroscuros brilla por su equipo multidisciplinario, donde cada creador inyecta su visión de la dualidad luz-sombra. La música de Felipe Noriega captura esta esencia: “Quiso representar esas dualidades de algo muy luminoso con el arpa, que produce sonidos muy ligeros, así como también tenemos la parte de la sombra electrónica y sonidos mucho más graves, para eso se usaron muestras de sonido a partir del arroz”.Baez describe cómo grabaron sonidos del arroz: cayendo, moviéndose y siendo manipulado para crear ambientes que a veces sustituyen a la música tradicional y sumergen al espectador en un estado inmersivo.Dice que la coreografía parte de una infancia lúdica —juegos callejeros mexicanos— hacia el peso de la sombra: “Empezamos con una parte muy, muy juguetona, muy ligera, que nos remite a la infancia, a nuestros recuerdos más enteros, y después entramos a la parte de la sombra del peso del terror en el escenario. Dos bailarinas encarnan esta duplicidad, como si fuera una misma que se va desdoblando”.La propuesta coreográfica invita a la contemplación: “Casi, incluso, cuando no hay movimiento, se pueden observar un cuadro con arroz”. Al final, aparecen bugambilias, símbolo del ecosistema mexicano donde Baez creció. View this post on Instagram
Disfrutar de la luzLa coreógrafa enfatiza la inclusividad de Claroscuros: “Espero que también familias nos vengan a ver porque es una obra con la que todos se pueden identificar, tal vez puedan tanto niños como adultos, estoy segura de que van a poder disfrutar de la luz y la sombra que existe en nuestra vida”. Dice que estas fuerzas son constantes durante nuestro día, “existiendo en los extremos del dolor, el placer, la pérdida, la esperanza, la vida y en el cuerpo, en el lenguaje del cuerpo que es la danza. Es una invitación a aceptar nuestras partes más oscuras, no esconderlas, no juzgarlas y aceptarlas y transitarlas a un viaje para aceptar la vida”.Báez aboga por la difusión de la danza mexicana: “Hay mucho talento y mucha danza en México, pero a veces falta un poco de difusión o falta que se quiten ciertos estigmas, proponer, presentarse a todo el público.Claroscuros no solo entretiene, transforma, dejando un rastro de arroz y reflexión en quienes la presencian.hc
