Solo a
Joan Laporta le corresponde fijar la fecha de las elecciones a la presidencia del Barça. Por estatutos, tendrían que ser entre marzo y junio del presente año. Por lo que dijo el lunes en ‘RAC1’, la decisión no está tomada. “Para la planificación deportiva de la temporada, quizás convendría hacerlas antes de que se termine la campaña. Una de las opciones es marzo, pero una vez acabada la temporada, hay 15 días de junio que pueden ser buenos”. Por lo que se intuye, y por lo que se cuece, marzo parece la fecha más probable. Si Laporta fuese amarrategui, sin duda sería el instante óptimo para él. Ahora tiene un título en el bolsillo, ganado ante el Madrid y, en marzo tendría la promesa de felicidad de un Barça con muchas opciones de Liga, quizá también de Copa y con la Champions abierta. Para los miles de socios de “si la pelota entra, el resto no importa”, el reclamo de campaña sería eficaz y prácticamente imbatible. Pero como la principal virtud de Laporta es la valentía y el ‘rampell’, uno podría pensar que su apuesta será por el doble o nada. Si se gana la Liga –que
Florentino Pérez lo ha puesto más fácil– y no digamos si Araujo levanta la Champions, el resto de candidatos poco podrían hacer ante el continuismo ganador. Pensando en el Barça, que es lo que debería primar siempre y en todos los casos, quizá lo mejor es hacerlas cuanto antes. Que el ruido, la fiebre por las firmas, la campaña y toda la maquinaria electoral, tan necesaria pero tan bulliciosa, durase lo menos posible. En este sentido, la fecha del 15 de marzo, con un Barça-Sevilla en el Camp Nou, empieza a oler a urnas.
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