¿Sexo consensuado o trastorno parafílico? (I)
La variedad es la sal de la vida.
L. James.
Cuando en 2011 comenzó la saga 50 sombras de Grey, la reacción del publico demostró que las prácticas de dominación sexual son una fuente de placer elegible para muchas personas, a pesar de los prejuicios socioculturales en torno a ellas.
Ciertamente, no faltó quien repudiara la desigual relación de clase y género entre Anastasia y Christian, o condenara el uso de azotes y otras formas de causar dolor y humillación, a pesar de la edulcorada narración de la inglesa E. L. James y la aligerada versión cinematográfica posterior.
Pero también hubo una ola de gratitud entre quienes vieron reflejados sus gustos y expuesto al escrutinio público un estilo de vida que les resulta satisfactorio bajo estrictas condiciones de seguridad, comunicación y consenso, los tres pilares de la cultura BDSM moderna.
Hoy sus comunidades estructuradas tienen mayor visibilidad, sobre todo en Occidente, y se divulgan sus reglas, símbolos, protocolos y ética, pensados para proteger la integridad física, mental y legal de quienes se suman a las sesiones, donde el sexo no es solo penetración y a veces ni la incluye.
En Cuba también funciona una comunidad BDSM, compuesta por mayores de 18 años de ambos géneros, de casi todo el país y variados oficios. El elemento común es un erotismo centrado en aficiones que son parte esencial de sus vidas sin afectar su desempeño familiar, laboral, comunitario, de pareja…
Teniendo en cuenta el polémico origen de estas filias, los aspirantes deben pasar un taller virtual de tres semanas para aclarar dudas con ponentes bien preparados, y luego someterse a una entrevista en que demuestren madurez y acaten el compromiso de no ejecutar acciones riesgosas sin la guía de tutores o mentores experimentados.
Además, crearon un servicio de consejería profesional (sobre todo sicólogica) para acompañar procesos que pudieran ser traumáticos (cambios de roles, rupturas, relación abusiva) e insistir en las normas SSC (Seguro, Sano y Consensuado) y RACK (Riesgo Asumido de manera Consciente y Consensuada).
Desde la ciencia
La doctora Elvia de Dios Blanco, terapeuta e investigadora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), describe las parafilias como intereses sexuales atípicos, intensos y persistentes hacia objetos, situaciones, actividades o individuos específicos. En esa categoría entran el fetichismo (excitación sexual con algunos objetos, materiales, o partes del cuerpo) y el sadismo-masoquismo sexual.
Desde esa perspectiva, el BDSM es considerado un paraguas de prácticas que transcurren bajo consentimiento, con seguridad y negociación previa. Antes de 2013, se clasificaban como trastornos siquiátricos, pero ese año fue publicado el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales de la Asociación Siquiátrica Americana en su 5ta. edición (DSM-V), en el cual se hizo una clara distinción entre parafilias y trastornos parafílicos, acotó la experta.
Tres puntos marcan esa diferencia: el consentimiento previo y consciente entre adultos (niños, niñas y adolescentes no tienen capacidad legal para consentir); el control del daño a la propia persona (no causar malestar clínico significativo o desequilibrio en la vida social), y la ausencia de peligro para otras personas que no comparten ese disfrute.
Si se cumplen esas condiciones, la práctica tipifica como parafilia y no necesita atención por sí misma. Pero si se actúa sin consentimiento, o es evidente e incontrolable el malestar personal (más allá de la angustia por disfrutar un tabú, que es un condicionamiento social en muchas conductas sexuales), o se incurre en daños a terceros, estamos en presencia de trastornos parafílicos y por ende siquiátricos, que sí requieren atención clínica y a veces incluso denuncia legal, recalca la experta.
Esta visión sexológica coincide con los principios defendidos por las comunidades BDSM, interesadas en fomentar comprensión de sus prácticas y legitimar el ejercicio de sus derechos en espacios que acatan preceptos constitucionales como el respeto a la vida, la expresión individual y la dignidad.
Por eso insisten en entrenarse para garantizar la seguridad física y emocional (como técnicas de primeros auxilios y conocimiento del cuerpo), y son rigurosos con firmar contratos que expliciten el trato digno y proscriban el abuso de poder y la manipulación para obtener sexo, dinero o control emocional de personas vulnerables.
Esto implica transparencia y buena comunicación sobre lo que cada quien espera o desea, sus límites, dudas, palabras de seguridad… pero hace falta madurez para expresarse sin miedo y mantener la confidencialidad de la información compartida.
Muchas rutinas del BDSM, como el fetichismo con cuero, el placer de atar o ser atados y el dolor intencional, son solo intereses sexuales atípicos. La mayoría de quienes tienen esas preferencias las integran en su vida con naturalidad; sus prácticas, elegidas y controladas, pueden parar en cualquier momento si una de las partes lo pide. Eso solo lo logran personas mentalmente sanas, responsables y empáticas.
Por otro lado, los trastornos parafílicos generan impulsos incontrolables, compulsivos y egodistónicos (van en contra del yo), a veces peligrosos para otros. Esos sí necesitan tratamiento, insiste De Dios Blanco.
En resumen, no todas las personas que eligen el camino del BDSM tienen trastornos parafílicos, y no todas las personas con parafilias comulgan con el BDSM. De hecho, hay quien juega con instrumentos «bedesemeros» de manera ocasional (kinking) o como sexo transaccional, y en esas dinámicas el riesgo es mayor porque no se calculan las consecuencias y no siempre se valora el cuidado físico y mental del cierre, imprescindible para afianzar la conexión.
La cultura de la banalización empuja a muchos jóvenes a «probar» cualquier cosa que parezca escandalosa sin recibir entrenamiento de las personas correctas, y los deja a merced de quienes se apropian de esos códigos para captar víctimas.
Esos seudopracticantes no son bienvenidos en la comunidad, y si logran entrar son expulsados en cuanto se detectan sus intenciones o se confirma una violación de las reglas. Además, alertan a otros grupos para evitar que dañe a alguien más y se le sugiere buscar ayuda especializada para su conducta.
¿Cuáles son los roles reconocidos del BDSM y qué preocupa a sus adeptos en nuestro país? La próxima semana te cuento más.
¿Qué incluye el BDSM?
- Bondage: Restringir físicamente con fines eróticos empleando cuerdas, esposas u otros tipos de atadura.
- Disciplina: Prácticas eróticas con castigos o premios, adiestramiento y protocolos de comportamiento y posturas.
- Dominación: Ejercer poder como experiencia sexual en las circunstancias pactadas. Implica responsabilidad y cuidado de la persona que se somete a su control.
- Sumisión: Someterse voluntariamente al control de una persona que cumple el rol dominante e impone la disciplina pactada.
- Sadomasoquismo: obtener gratificación sexual al infligir o recibir dolor físico o humillación en un entorno controlado.
