La tarea pendiente del Banxico
Durante 2025, la inflación anual presentó fluctuaciones en torno a un promedio de 3.8 por ciento. Si bien este nivel se ubicó casi un punto porcentual por debajo de la media del año anterior, el avance obedeció a una disminución significativa de la inflación no subyacente, que incluye genéricos cuyos precios están determinados por el gobierno o por los mercados internacionales y que son altamente volátiles.
En contraste, la inflación subyacente, que comprende la mayoría de los artículos, cuya dinámica de precios puede ser influida por la política monetaria, se ubicó, en promedio, en 4.1 por ciento en 2025, el mismo nivel observado en 2024.
La evolución reciente de la inflación resulta problemática, ya que no forma parte de una senda sostenible hacia el objetivo del 3.0 por ciento. Debido a su elevada ponderación en el INPC, la inflación subyacente determina la tendencia de mediano plazo de la inflación.
Esta rigidez persiste a pesar de la extraordinaria restricción monetaria aplicada por el Banxico para enfrentar el agravamiento inflacionario posterior a la pandemia. De junio de 2021 a marzo de 2023, el banco central incrementó el objetivo de su tasa de interés de referencia en un total de 725 puntos base, hasta ubicarlo en 11.25 por ciento, nivel que mantuvo durante los siguientes doce meses. A partir de marzo de 2024, redujo dicho objetivo en 425 puntos base, hasta situarlo en 7.00 por ciento en diciembre de 2025.
Aunque la restricción monetaria contribuyó a la disminución de la inflación subyacente durante 2023 y 2024, su efectividad para apoyar la convergencia de la inflación al objetivo parece haberse agotado. ¿A qué podría deberse esta limitación?
La respuesta admite algunas conjeturas complementarias, que pueden desprenderse de la información contenida en las decisiones de política monetaria.
Primero, en 2025 la evaluación de la Junta de Gobierno (JG) sobre la trayectoria de la inflación mantuvo un tono triunfalista, al celebrar la caída de la inflación general sin atender su sostenibilidad. La mayoría de sus miembros minimizó el elevado nivel y el gradual ascenso de la inflación subyacente a lo largo del año, considerándolos fenómenos temporales.
Segundo, la JG pudo haber relajado la política monetaria de manera prematura. De acuerdo con el modelo del Banxico basado en la tasa de interés real ex ante, la postura monetaria fue crecientemente “restrictiva” de octubre de 2022 a febrero de 2024, y decrecientemente “restrictiva” a partir de este último mes hasta noviembre de 2025. Desde entonces, la postura se volvió cada vez más “neutral”.
En términos simples, la política monetaria se considera restrictiva cuando busca “enfriar” la economía para llevar la inflación al objetivo, mientras que se cataloga como neutral cuando no pretende incidir sobre la inflación. Resulta contradictorio que, mientras la inflación no solo no converge, sino que su tendencia no apunta al objetivo, la JG haya continuado recortando la tasa de interés hasta llevarla al intervalo “neutral”.
Tercero, la aplicación del régimen de objetivos de inflación basado en pronósticos, que supuestamente utiliza el Banxico desde 2018, continuó siendo confusa. El relajamiento monetario ocurrió al mismo tiempo que el banco central corregía al alza sus pronósticos de inflación, restando credibilidad a la convergencia. Por ejemplo, en la reunión de política monetaria de diciembre de 2024, el Banxico pronosticó una inflación general y subyacente de 3.3 por ciento para el cuarto trimestre de 2025, mientras que los datos observados se ubicaron 0.4 y 1.0 puntos porcentuales por encima, respectivamente.
Cuarto, la guía futura derivada de la decisión de política monetaria de diciembre de 2025 sugirió una pausa en el ciclo de relajamiento, con la intención de reanudarlo posteriormente. Según la minuta, la mayoría de los miembros consideró como principal riesgo las posibles presiones de precios derivadas del aumento del IEPS y de los aranceles mexicanos, las cuales se espera, de acuerdo con las proyecciones, que sean transitorias y leves.
Finalmente, un miembro señaló que “sería pertinente considerar otros factores más estructurales para explicar la persistencia de las presiones inflacionarias, como la inseguridad o el grado de competencia”. Esta hipótesis remite al enfoque “estructuralista” de las décadas de 1950 y 1960, que atribuía la inflación a problemas estructurales de las economías en desarrollo. Se ha comprobado ampliamente que dicho enfoque no explica inflaciones altas y prolongadas, al subestimar el papel de la política monetaria, las expectativas de inflación y la credibilidad del banco central.
Para revertir de manera clara la tendencia inflacionaria, el Banxico tendría que realizar un análisis crítico de las deficiencias de su política monetaria, corregirlas y demostrar de forma convincente su compromiso con el objetivo.
