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Cómo ayudar a tu hijo si todavía no pronuncia algunos sonidos, según una logopeda: "Cuanto antes se actúe, mejor"

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La especialista Cristina Martínez explica que, cuando un niño no sabe decir una letra, genera sus propias estrategias para sustituir ese sonido

Víctor Hernán, fisioterapeuta: “El gateo no es un requisito obligatorio para que un niño se desarrolle con normalidad”

Cuando un niño empieza a hablar, su capacidad para pronunciar distintos sonidos se desarrolla de forma gradual. No pueden decir todos los sonidos a la vez y algunos tardan más en desarrollarse que otros. Para los padres, sin embargo, a menudo puede ser difícil saber si los errores de sonido del habla de su hijo son motivo de preocupación o forman parte normal de su desarrollo. 

Es importante comprender cuáles son los errores de pronunciación comunes en cada etapa del desarrollo del habla. Esto alivia las expectativas que podríamos depositar, inconscientemente, en el niño y, además, le permite desarrollar sus habilidades de pronunciación y articulación al ritmo esperado.

Para conocer un poco más cómo es el proceso y de qué manera podemos ayudarlos, hemos hablado con Cristina Martínez Carrero, maestra especializada en audición y lenguaje. 

Los fonemas que más cuestan

“Los más conocidos y los que los padres notan más son el típico [sonido] de la r fuerte”, reconoce la especialista. Pero no es el único. Hay otros, como la s o la z, a veces la l, la ñ o la c, sobre los que también suele haber dificultades. Un niño puede tener un fonema adquirido, es decir, sabe dónde tiene que colocar la lengua para producir un sonido y hacerlo de una manera limpia. Pero otras veces no hay ese punto de articulación adquirido y se tiene que enseñar.

Incluso hay ciertas ocasiones en las que “el fonema está distorsionado”, es decir, que “a la hora de pronunciar una s hay una mala colocación y, pese a decir una s, no suena limpia. Es lo que nosotros llamamos distorsionadas”.

Cuando un niño no sabe decir una letra entran en juego “procesos de simplificación”, es decir, el niño “genera sus propias estrategias para sustituirlo: ‘¿No tengo la r?, pues lo sustituyo por una l’ que no se nota tanto, o directamente lo omiten”, reconoce Martínez. 

“Nosotros tenemos que ir trabajando con esas dificultades: ver por qué no tienen fonema y, a la vez, qué estrategias de simplificación hace para poder corregirlas”, aclara Martínez.

¿A partir de qué edad adquieren los distintos fonemas?

Aunque cada niño tiene su propio ritmo, es importante tener en cuenta que “los fonemas son evolutivos”. Así, lo habitual es que se cumplan estas premisas:

  • A los 3 años: el niño debería ser capaz de pronunciar correctamente estos sonidos: m, n, p, t, b, k, l, ua, ue, ui.
  • A los 4 años: los fonemas adquiridos deberían ser la g, f, z, s, j, ch, ll, ñ, d, s, r (suave) y trabadas con l.
  • A los 5 años: ya debería poder decir bien la r fuerte y los grupos de trabadas como br, cr, dr, fr, gr, pr, tr. A esta edad “solemos decir que la mayoría de fonemas tendrían que estar adquiridos”, afirma Martínez.

¿Por qué un niño tiene dificultades para hablar? 

Las dificultades a la hora de emitir el sonido de ciertos fonemas son frecuentes en las primeras etapas del desarrollo, pero suelen superarse con el tiempo. Hay varias razones por las que esto puede pasar. Las palabras que se pronuncian mal suelen tener sonidos que son más difíciles de pronunciar. Sin embargo, puede haber otros motivos.

También puede ocurrir que haya problemas auditivos, que le dificulten distinguir ciertos sonidos y, por tanto, se vea afectada su capacidad para reproducir sonidos. O algunos factores físicos, como un frenillo lingual corto (esto puede dificultar la producción de sonidos como la l, la t, la n o la d) o el paladar hendido. En estos casos, es posible que sea necesaria una intervención médica o terapia del habla. 

Qué papel juega el lenguaje en todo esto

Otra de las posibles causas que explicarían la dificultad para emitir ciertos sonidos podemos encontrarla en un cierto retraso en el desarrollo del habla. Martínez es clara en este punto: “La mayor parte del lenguaje se adquiere de intercambios comunicativos, incluida la parte fonética”. Por tanto, no solo estamos frente a una herramienta comunicativa, sino que el lenguaje también nos permite construir oraciones, tener un buen vocabulario y, además, producir fonemas. “El lenguaje es una herramienta muy potente sobre la que después se construyen el resto de procesos cognitivos”, reconoce la especialista. 

Un niño de dos años, por ejemplo, debería tener “unas 50 palabras, de las cuales al menos un 10% tienen que ser verbos; si un niño de esta edad no hace combinaciones de dos palabras básicas, como ‘coche mío’, es importante consultar con un profesional”, advierte Martínez.

Si bien el cerebro sigue evolucionado pasados los seis años de edad, “hay una ventana que es muy importante, que es la de los 0 a los 6 años”, explica Martínez. Por tanto, frente un niño de dos años que no tiene ese mínimo repertorio de vocabulario, es aconsejable consultar con un especialista.

Cómo podemos ayudar a un niño con problemas para pronunciar ciertos sonidos

Ante un problema de pronunciación, Martínez asegura que “lo primero que debe hacerse es una valoración inicial y, en función de la necesidad, trabajar de una manera u otra”. Si bien durante mucho tiempo se han trabajado las praxias, es decir, los movimientos con la lengua y con la boca, estudios recientes dicen que son “prácticas que no funcionan”, reconoce la especialista.

Para Martínez, en la mayoría de los casos será muy simple de corregir. “Con una buena reeducación, son niños que generalmente lo adquieren rápido cuando solo es la articulación del fonema, un vocabulario bajo o una mala organización a la hora de realizar oraciones, o por un mal uso del lenguaje”. En estos casos, es clave “hacer un buen análisis que nos permita ver por qué esos niños no están produciendo bien esos fonemas”, matiza Martínez. En función de la causa que haya detrás, “se tarda un poquito más o menos en reeducar, pero generalmente la mayoría de los niños adquieren los fonemas sin problemas”, reconoce Martínez.

A pesar de que pueda ser tentador, corregir en el sentido literal y repetir las palabras al niño y hacer que nos las repitan puede llegar a ser menos efectivo de lo que podríamos pensar. En cambio, usar un enfoque más conversacional funciona mejor, es decir, repetir la palabra de una pregunta para ayudarlo con los problemas de articulación. Enfatizar el sonido mal pronunciado, exagerarlo a la hora de pronunciar, mientras hablamos permite continuar con la conversación. “Y esto permite que el niño se fije más”, afirma Martínez.

“Cuanto antes se actúe, mejor, porque hay unas ventanas de intervención que siempre nos favorecen”, enfatiza Martínez. Así, “si un niño de tres años tiene un habla muy ininteligible, no está de más consultar a un especialista; si tiene que intervenir lo hará y, si no, pues no pasa nada”.




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