Todos los aficionados al tenis han soñado alguna vez con jugar contra sus ídolos. Quien más quien menos hasta ha asegurado alguna vez que incluso podría hacer un punto. Así que el Abierto de Australia ha puesto en juego esas ensoñaciones en un torneo de exhibición llamado «One Point Slam» («Torneo de un punto») en el que tenistas amateurs y profesionales se han mezclado en un cuadro mixto en el que cada partido consta de un solo punto, con la opción de sacar o restar en función del resultado de un «piedra, papel o tijera» que no todos los jugadores tenían claro. En juego, además de protagonizar un sueño personal, un millón de dólares australianos. Durante un par de minutos, los 16 aficionados que se han enfrentado en las primeras rondas a diferentes jugadores profesionales han podido vivir lo que significa jugar en la Rod Laver Arena llena hasta la bandera. Algunos han conseguido su sueño, en detrimento de Corentin Moutet, por ejemplo. Pero la lógica también se impuso al final, con un cuadro final protagonizado con los profesionales que se lo pasaron bien y mostraron también sus nervios. Sufrió Nick Kyrgios , por ejemplo, y perdió también con un resto largo Felix Auger-Aliassime ; y en los duelos entre profesionales hubo de todo, como un Flavio Cobolli que no pudo con la firmeza de Iga Swiatek , y la suerte de Pedro Martínez ante Elena Rybakina . Hubo otros como Jannik Sinner , que no quiso verse avergonzado ni por sus compañeros y brindó un puntazo de los suyos ante Pablo Carreño. Pero luego cometió un error con el saque (los profesionales solo tenían una oportunidad) y quedó eliminado contra un aficionado. Carlos Alcaraz también sufrió un poquito, pero superó su primer partidito ante el aficionado Schneiter porque a este no le pasó por muy poco la volea. Pero también erró en el segundo duelo, contra Maria Sakkari , porque su dejada, ese golpe magistral de su repertorio, no pasó la red. Fueron cayendo todos los favoritos, para deleite del público, desesperación de los profesionales y para alegría de la jugadora de la fase previa Joanna Garland y el aficionado Jordan Smith , que se jugaron ese millón de dólares australianos a solo un punto. En la final de las finales a un punto, se la jugó Garland con saque, del que solo tenía una opción, pero se precipitó con el revés paralelo y fue Jordan Smith , el aficionado, se llevó el millón de dólares australianos. Y cumplir el sueño de todos los aficionados del mundo, que vivieron con él la sensación de que sí se puede ganar un punto a un profesional. "Ha sido una experiencia grandísima, no olvidaré nunca esta noche", comentó Smith, que no dejó de sonreír en ningún momento de este torneo de exhibición con el que comienza el Abierto de Australia.