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'Requiem' de Brahms: el Maestranza en modo ahorro

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Abc.es 
Lo único que parece claro es que este 'Requiem' tiene una adscripción fúnebre, y que todo lo demás está sujeto a duda. Lo evidente es que en 1865 murió Schumann , mentor de Brahms , tras su triste estancia en un manicomio cercano a Bonn , y que luego le sucedió la madre del compositor, lo que seguramente llevó al autor, semanas después, a añadir el quinto movimiento. Pero también es cierto que Schumann ya tenía en mente la idea de un 'Requiem alemán' (lo encontró Brahms entre sus papeles), y que la concepción del mundo, del alma y de su pensamiento para Brahms eran trágicos: «No necesito decir que, en mi interior, nunca reí, que nunca fui realmente joven». Tampoco es verdaderamente una Misa de Requiem , es decir, de culto católico, ya que es ajena a la liturgia, está escrita en alemán y no en latín, evita el 'Día de la ira' y se orienta más hacia la humilde oración de los luteranos, y el temor ante la muerte. Prioriza el consuelo destinado a los vivos y la esperanza en la resurrección. Así que musicalmente la obra se orienta más bien a la inusual cantata fúnebre barroca de los maestros luteranos del norte de Alemania, como Schütz ('Musikalische Exequien') o Bach ('Actus mortuaris'). Finalmente, en el citado quinto movimiento, la soprano termina contemporizando dos cánones de la fe cristiana , la resurrección y la consolación, tal vez para acallar la inquietud despertada en algunos círculos por la excluyente orientación protestante de la obra. Si a la salida del concierto preguntásemos a los asistentes en qué idioma estaba el 'Requiem', seguramente que los que supieran alemán podrían contestarlo correctamente, pero otros no lo sabrían y otros más puestos dirían que si se trataba de un 'Requiem', seguramente estaría en latín. Pero además, la riqueza de matices en la orquesta y las voces corresponde a la intencionalidad de los textos, porque esto no era una sinfonía, sino que nos habla en el fondo de por qué un genio como Brahms estrena un 'Requiem' a los 35 años , sin que presintiera una muerte cercana (de hecho, vivió casi 30 años más). Las respuestas las hemos expuesto, pero se podrían haber imaginado simplemente proyectando los textos traducidos , cuya importancia vital estriba en que exponían la concepción del mundo desde el sentir de Brahms, su sentido último de la obra, a partir de un centón de textos bíblicos. Pero no, el Maestranza está en modo ahorro, y ha hecho desaparecer finalmente los programas de mano en papel, ha creado unas filas VIP junto al pasillo de patio y ha eliminado los subtítulos de obras pequeñas y grandes. Es comprar un coche con una rueda menos, para ahorrar. ¿Exagerado? ¿La mayoría de los espectadores pudieron salir satisfechos sin saber de qué iba la obra? ¿Lo próximo serán los sobretítulos de las óperas aduciendo que nunca se han puesto y ahora se han vuelto imprescindibles? Pues seguro que se puede ahorrar en otro sitio que no sea en la música, o buscando patrocinadores -comerciales o de asociaciones de aficionados- o cualquier otro recurso (¿INAEM?), todo menos ver películas en alemán sin subtítulos: ¿se imaginan? Además, hablamos de que para un presupuesto como el del Maestranza pagar los sobretítulos sería una miseria. La interpretación del 'Requiem' estuvo bien, en general, incluso diríamos que empezó maravillosamente, con un coro en 'piano', que parecía casi música angelical, envolvente. Sin embargo, poco se mantuvo este estado y creció hasta el 'forte', y hasta a ese volumen se puede ser más refinado. El planteamiento inicial de Brahns coincide con un recurso que puede ser mágico, al conjuntar este susurro con la oscuridad que aporta prescindir de los violines (I y II) durante todo el primer movimiento (como sabía que había hecho Méhul en la ópera 'Uthal' o como en el 'Réquiem' de Cherubini , que este sí lo escuchó en Hamburgo). Pons no supo aprovechar este excepcional momento tímbrico lo suficiente, pegado como estaba a la partitura, de la que no podía prescindir ni un segundo (literalmente). Pero es que aunque se trata de una orquesta conjuntada, obediente, corpulenta, no se veía el trabajo del director para extraer toda la belleza y las matizaciones de una orquesta brahmsiana, ni todos los madrigalismos del texto, que él sí debía conocer. Es, eso sí, un director eficaz. Hemos de sobresalir el trabajo del oboe solista, que destacó por sus melodías limpias y cálidas, la chelo solista, de hermoso sonido y ejecución palpitante durante una intervención breve, o el tuba , que se dejó oír con tino en momentos culminantes; y en el lado más delicado, la sección de aterciopeladas violas al completo. Reconozcamos que el coro se dejó la piel en toda su actuación, ya que Brahms los obliga a cantar en 'forte' con demasiada frecuencia, al margen de que su presencia es casi continua (Pons los sentó sólo una vez entre movimientos). Algún desmayo en el principio, pero una vez que calentaron se desenvolvieron bastante unidos, capaces de resistir el reto hasta el final. Los cantantes solistas estuvieron muy bien, con José Antonio López y una voz que conserva poderosa, redonda, sin altibajos, capaz de aguantar toda su actuación en 'forte', con claridad de canto y variados matices, mientras la soprano Katharina Konradi presentó una voz bellísima, magníficamente proyectada, con una dicción cuidada y también portentosa, sobresaliendo por entre la orquesta sin forzar su instrumento. Como curiosidad, esta es la cuarta vez que se oye este 'Requiem' en el Maestranza; la última fue hace 14 años. Cronológicamente lo han interpretado la Sinfónica de Berlín (Vasary, 1992), la OSS (V.P. Pérez, 1995) y la ROSS (Neuhold, 2012) .



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