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Chinchilla y Adamuz, dos pueblos marcados por una tragedia ferroviaria

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Abc.es 
Chinchilla de Montearagón (Albacete) y Adamuz (Córdoba) comparten poco más que su tamaño —ambos rondan los 4.000 habitantes— y su carácter de pueblos tranquilos. Sin embargo, la historia los ha unido para siempre a través de dos de los accidentes ferroviarios más graves ocurridos en España en las últimas décadas. Dos tragedias separadas por 22 años, pero marcadas por imágenes y gestos que se repiten: trenes destrozados en la noche, víctimas atrapadas entre hierros y fuego, y vecinos volcados para ayudar en medio del caos. El 3 de junio de 2003, Chinchilla de Montearagón vivió una de las noches más trágicas de su historia. A las 21:30 horas, un tren Talgo que cubría la línea Madrid–Cartagena colisionó frontalmente con un tren de mercancías que circulaba en sentido contrario. El choque , ocurrido a unos tres kilómetros de la estación, provocó un incendio que calcinó varios vagones y causó la muerte de 19 personas, además de decenas de heridos. Fue un impacto devastador que convirtió durante horas al municipio albaceteño en el centro de la tragedia ferroviaria en España. Casi 23 años después, la historia volvió a repetirse en Adamuz . Este domingo, a las 19:45 horas, otro grave accidente ferroviario sacudió a este municipio cordobés enclavado en plena Sierra Morena. El balance, aún provisional, supera las cuarenta víctimas mortales, lo que convierte el siniestro en uno de los más trágicos de la historia reciente del país. Y, de nuevo, una pequeña localidad se ha visto desbordada por una tragedia de dimensiones nacionales. En ambos casos, la noche fue escenario del horror. En Chinchilla, el estruendo alertó a los vecinos, que acudieron al lugar del accidente pese al riesgo de un posible escape de ácido sulfúrico del tren de mercancías. Muchos comenzaron a auxiliar a los heridos antes incluso de la llegada de los servicios de emergencia, en medio de la confusión, el fuego y el miedo a una nube tóxica. El entonces alcalde, Vicente Martínez, fue uno de los primeros en llegar y describió una escena dantesca: el Talgo empotrado bajo el mercancías y varios vagones ardiendo sin que nadie pudiera acercarse. Algo muy parecido ha ocurrido ahora en Adamuz. Con poco más de 4.000 habitantes, el municipio respondió de forma inmediata. Más de medio millar de vecinos se concentraron durante la fría noche en torno a la caseta municipal, convertida en un improvisado hospital de campaña. Llegaron con mantas, colchones, bocadillos, bebidas y garrafas de agua. Abrieron las puertas de sus casas, cedieron vehículos y colaboraron en el centro cívico, donde se organizó la atención a las víctimas. El alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, fue uno de los primeros en llegar al lugar del accidente y ha expresado su orgullo por la respuesta ejemplar de sus vecinos. Los vecinos de Adamuz, como los de Chinchilla de Montearagón, no podrán olvidar nunca los rostros de miedo y el ruido de las sirenas, pero las víctimas tampoco olvidarán a las personas que, antes de que llegaran los refuerzos de emergencia, se volcaron para auxiliarles.



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