El accidente ferroviario de Adamuz posee una capacidad de desgarro tan enorme que aún resulta muy complejo detenerse a analizar cuestiones de fondo más allá del siniestro azar y del sobrecogedor número de víctimas. Pero conviene hacerlo, pues el asunto requiere explicaciones y revela, tras el velo del drama, la cruda realidad del sistema ferroviario español. Éste atraviesa una coyuntura tan deteriorada que ha hecho que la reacción inicial de casi todos fuera la de asociar la catástrofe a una consecuencia incluso lógica. «Estaba más que avisado...». Eso da una muestra de lo grave que es la situación. La tragedia ha golpeado en la peor etapa de la Alta Velocidad, asolada por las averías, el deterioro de los servicios o...
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