Morante resucitará para el toreo en Sevilla
Morante de la Puebla volverá a torear el 5 de abril, Domingo de Resurrección, en la Real Maestranza de Sevilla. La noticia, adelantada por Zabala de la Serna y confirmada por Lances de Futuro en un comunicado oficial, despeja una incógnita que llevaba meses generando expectativas. El anuncio no vino acompañado de declaraciones ni presentaciones públicas. Solo una nota sobria y una reacción inmediata de aficionados, medios y profesionales que reflejan el peso real de este regreso.
Su retorno no sorprende por inesperado, sino por inevitable. Seis meses después de quitarse la coleta en Madrid —en una tarde densa y simbólica en Las Ventas— Morante decide volver. No hay giro de guion ni estrategia mediática. Hay necesidad. Aquella despedida fue tan real como este regreso. Fue un gesto de límite, de fatiga, de salud mental. No una maniobra. Lo del 12 de octubre no fue teatro. Y lo de ahora, tampoco.
En su trayectoria ya hay antecedentes de pausas. En 2004, 2007 y 2017 se retiró por razones distintas, siempre personales. Pero nunca ha estado una temporada completa sin torear. Su vínculo con el toreo no admite largos silencios. En esta ocasión, el motivo fue otro. No hubo rupturas con el sistema ni protestas contra la estructura del espectáculo. Hubo una necesidad de parar. De salvarse. De recuperar el equilibrio. Y por eso este regreso no solo es profesional, también es humano.
Morante padece un trastorno disociativo. No es un matiz anecdótico: es un dato central. Ser figura del toreo, estar en el centro constante de la presión, encarnar un estilo tan único y a la vez tan observado, pesa más de lo que muchos imaginan. Por eso, que vuelva, que esté en condiciones de reaparecer y lo haga en Sevilla, no puede ser leído como una mera reincorporación a la temporada. Es un síntoma de mejora. Y una muestra de que, dentro de sus propias reglas, sigue siendo dueño de su camino.
Las reacciones al anuncio han sido variadas. Quien no sintoniza con su forma de torear, mantiene distancia. Quien lo admira, celebra. Pero más allá del debate, lo cierto es que Morante regresa cuando muchos dudaban de que pudiera hacerlo tan pronto. Y esa rapidez no es una frivolidad. Es la evidencia de que aún le queda arte por mostrar. Y también, probablemente, de que sin el toreo su vida pierde sentido.
En este regreso no hay promesas de campaña extensa. Lo que se conoce es que estará cuatro tardes en Sevilla: Resurrección, dos en la Feria de Abril y el Corpus. Hay una posible quinta en San Miguel. El resto se irá sabiendo. Madrid, Ronda, Málaga y otras plazas podrían sumarse. O no. Pero ese calendario es secundario. Lo esencial es que reaparece en su plaza, con su gente, con el traje de luces como puente entre la inestabilidad interna y el mundo exterior.
Para los aficionados, su vuelta implica una oportunidad más de ver torear con una sensibilidad que no se copia. Para él, seguramente, es una forma de respirar. Y eso vale más que cualquier faena. No debe justificar su decisión, ni dar explicaciones sobre los tiempos. Su trayectoria ya está llena de méritos, contradicciones y momentos irrepetibles. No debe ajustarse a las normas de una regularidad que nunca ha sido la suya.
Hay toreros cuya carrera se mide por el número de tardes. En otros, la vara de medir es otra: la singularidad, la huella, la emoción. Morante pertenece a esa categoría. No ha sido un profesional convencional, pero sí un artista imprescindible. Y su reaparición, imperfecta o discutida para algunos, es también un acto de coherencia con su propia historia.
La expectación está servida. El 9 de febrero se presentarán los carteles sevillanos en el Cartuja Center. Allí se confirmará si el cartel de Resurrección se completa con Roca Rey y David de Miranda, como ya se ha adelantado. Se intuye que el Corpus lo compartirá con Juan Ortega y Pablo Aguado. También suenan ganaderías como la de Álvaro Núñez. Pero más allá de combinaciones, el gran titular ya está escrito: Morante vuelve. No porque deba, sino porque puede. Y eso, para él y para el toreo, ya es una victoria.
