Microbiota: el ‘órgano invisible’ que influye en el sistema inmune, el ánimo y el sueño
No se ve ni tiene forma definida. Tampoco late o respira. Aun así, la microbiota cumple funciones esenciales para la salud humana. Esta comunidad microscópica integrada por billones de bacterias, virus, hongos y arqueas influye en el sistema inmune, el estado de ánimo, el sueño, la digestión y la concentración. Su mayor concentración se localiza en el intestino, donde actúa como un órgano más.
La microbiota se encuentra en distintas zonas del cuerpo, como la piel y la boca. Sin embargo, el intestino alberga la mayor diversidad y cantidad de microorganismos. Ahí regula procesos clave para el equilibrio del organismo.
Especialistas en nutrición y gastroenterología señalan que su papel resulta determinante para la digestión, la respuesta inmunológica y la salud general. Además, sus metabolitos se relacionan con funciones neurológicas y metabólicas.
Un concepto con historia científica
El vínculo entre microbiota y salud no surgió recientemente. Hace más de un siglo, el microbiólogo ucraniano Iliá Méchnikov, Premio Nobel de Medicina, planteó que la manipulación del microbioma con bacterias beneficiosas podía mejorar la salud y retrasar el envejecimiento. Ese planteamiento sentó las bases de la bacterioterapia y del uso actual de probióticos.
Funciones clave de la microbiota intestinal
El intestino humano puede albergar entre 10 y 100 billones de microorganismos, una cifra que supera la cantidad de células humanas. Estas comunidades cumplen funciones esenciales:
- Digestión de fibras: descomponen fibras que el cuerpo no digiere por sí solo. Ese proceso produce ácidos grasos como el butirato, fundamental para la salud intestinal y la absorción de nutrientes.
- Regulación del sistema inmune: ayudan a diferenciar microbios nocivos de inofensivos. Refuerzan la barrera intestinal y generan compuestos antiinflamatorios.
- Producción de nutrientes: sintetizan vitaminas como la K y las del complejo B.
- Bienestar emocional: participan en la producción de neurotransmisores como la serotonina.
Cuando la microbiota pierde diversidad, el intestino puede filtrar toxinas. Esa situación debilita el sistema inmune, donde se concentra cerca del 70% de los leucocitos.
Investigaciones de los National Institutes of Health asocian una microbiota equilibrada con menor prevalencia de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer.
Factores que alteran el equilibrio
El balance de la microbiota, conocido como eubiosis, puede alterarse y generar disbiosis. Este desequilibrio se vincula con diversas enfermedades y responde a factores cotidianos.
1. Alimentación
Una dieta rica en azúcares refinados y productos ultraprocesados reduce la diversidad microbiana. En contraste, una alimentación con fibra y alimentos fermentados favorece bacterias beneficiosas como Akkermansia muciniphila, Bifidobacterium y Lactobacillus.
Aditivos como emulsionantes, edulcorantes y conservantes afectan la flora intestinal. También influyen las harinas refinadas, el exceso de azúcar y el consumo elevado de alcohol.
Los probióticos naturales se encuentran en alimentos fermentados como el yogur o el chucrut. Los prebióticos abundan en frutas y vegetales. Los especialistas recomiendan priorizar alimentos enteros sobre suplementos.
2. Uso de antibióticos
Cada ciclo de antibióticos altera la microbiota. Un solo tratamiento puede afectar el equilibrio durante meses o incluso años. Los antibióticos de amplio espectro reducen la biodiversidad y facilitan la colonización de bacterias patógenas.
Para apoyar la recuperación, se sugiere una dieta rica en verduras, legumbres y alimentos fermentados. Algunas cepas específicas demostraron utilidad para restaurar el equilibrio.
3. Estrés y falta de sueño
El cortisol, hormona del estrés, altera la permeabilidad intestinal y reduce la diversidad bacteriana. El estrés suele acompañarse de trastornos del sueño.
Estudios científicos indican que el intestino sigue ritmos circadianos sincronizados con el descanso. Cuando estos se alteran, aumenta el riesgo de inflamación crónica y problemas metabólicos. También aparecen síntomas como insomnio, despertares nocturnos o somnolencia diurna.
4. Sedentarismo
La actividad física influye en la microbiota. Las personas activas presentan mayor diversidad bacteriana que las sedentarias. El ejercicio regular favorece bacterias beneficiosas mediante cambios fisiológicos asociados al movimiento.
El eje intestino-cerebro
Uno de los campos más estudiados es el eje microbiota-intestino-cerebro. Este sistema de comunicación bidireccional involucra señales nerviosas, inmunológicas, endocrinas y metabólicas.
La disbiosis permite el paso de endotoxinas a la sangre. Ese proceso favorece la inflamación sistémica y la disfunción neuronal. Los síntomas incluyen niebla mental, ansiedad, depresión e insomnio.
El nervio vago cumple un rol central en esta comunicación. Además, muchas bacterias intestinales producen serotonina, dopamina, GABA y noradrenalina, neurotransmisores clave para el equilibrio emocional. Cuando el balance se pierde, aumenta el riesgo de trastornos neuropsiquiátricos y enfermedades neurodegenerativas.
Cómo cambia la microbiota a lo largo de la vida
El microbioma intestinal evoluciona con la edad y el entorno. Se identifican cuatro etapas principales:
- Infancia (0 a 2 años): influyen la forma de nacimiento y la lactancia.
- Niñez y adolescencia (2 a 18 años): la dieta y el entorno moldean su estabilidad.
- Adultez (18 a 65 años): el estilo de vida sigue siendo determinante.
- Vejez (65 años en adelante): disminuye la diversidad y aumenta la disbiosis.
La infancia, el embarazo y la vejez se consideran períodos sensibles para el cuidado de la microbiota.
¿Es posible regenerarla?
La microbiota puede recuperarse, aunque el proceso no es inmediato. Ante síntomas digestivos o inflamatorios, se sugiere un período de reposo digestivo. Este enfoque incluye eliminar gluten, lácteos y ultraprocesados, junto con el uso de prebióticos.
En personas sin síntomas, basta una dieta variada con al menos 30 vegetales distintos por semana, un alimento fermentado diario y hábitos saludables. La hidratación, el ejercicio, el descanso y la gestión del estrés completan el abordaje.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
