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Crónica de un orden mundial transaccional

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Si el año 2025 fue el del despertar brutal a la realidad, el arranque de 2026 marca la consolidación de una nueva era: la del pragmatismo transaccional. Atrás quedan los discursos sobre el "orden basado en reglas" que dominaron la retórica occidental durante décadas. Lo que observamos este enero, desde las costas heladas de Groenlandia, hasta las negociaciones en Florida, pasando por las trincheras del Donbás, es la reescritura del mapa geopolítico bajo una única premisa: el interés soberano desnudo.

La guerra en Ucrania, que ahora entra en su quinto invierno, ha dejado de ser una cruzada ideológica para convertirse en la moneda de cambio de un reequilibrio global mucho más amplio. Pero no es el único escenario. La simultaneidad de crisis —la intervención en Venezuela, la incertidumbre abierta en Irán y la fragmentación europea— nos muestra un mundo donde las alianzas ya no son matrimonios tradicionales, sino acuerdos comerciales renovables según la conveniencia del momento.

El Factor Trump y su Diplomacia

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha acelerado la descomposición de las estructuras multilaterales tradicionales, sustituyéndolas por una diplomacia bilateral, a menudo desconcertante. El ejemplo más reciente es Irán.

En un giro que desafía la lógica convencional, Washington ha convocado una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, presidida por Somalia, para mediados de enero. La maniobra es irónica: un presidente que desprecia abiertamente la eficacia de la ONU, utiliza su foro principal para legitimar una posible acción de fuerza. Así, mientras Teherán cancela ejecuciones públicas en un intento de apaciguar los ánimos, la Casa Blanca juega con la ambigüedad. Trump, guiado por su propia brújula moral, parece dispuesto a castigar a los ayatolás si percibe debilidad, independientemente de la falta de un mandato internacional claro. Es la imprevisibilidad convertida en doctrina de Estado.

Pero donde el pragmatismo de Trump se vuelve más cortante es con sus propios aliados. La disputa por Groenlandia ha dejado de ser una anécdota para convertirse en una herida abierta en la relación transatlántica. La reciente decisión de Alemania de retirar sus tropas de la isla, cediendo ante la presión de la Administración USA, contrasta con la retórica de un Emmanuel Macron que clama por la "soberanía europea" frente a las amenazas arancelarias de Washington. La realidad es que Europa no puede permitirse una guerra comercial mientras tiene una guerra real en su frontera oriental. La solidaridad europea se ha estrellado contra el muro de la dependencia de seguridad.

Ucrania: La Aritmética de la Supervivencia

En el frente ucraniano, la situación ha trascendido el estancamiento para entrar en una fase de deterioro crítico. Los datos que llegan desde el terreno son alarmantes y explican la urgencia diplomática de Kiev. Según informes de inteligencia recientes, la eficacia de la defensa antiaérea ucraniana se ha desplomado. Si en octubre de 2022 la tasa de intercepción rondaba el 60%, en las dos primeras semanas de este enero de 2026 ha caído al 36%. El dato más escalofriante se registró durante el ataque masivo del 12 y 13 de enero: apenas un 11% de efectividad.

La falta de misiles y la destrucción sistemática de radares han dejado a las ciudades ucranianas vulnerables. A esto se suma una amenaza existencial que los especialistas discuten en voz baja: la posibilidad de que Rusia desconecte las centrales nucleares de la red eléctrica ucraniana, provocando un apagón total que la "pequeña generación" de energía distribuida apenas podría mitigar.

Este escenario de amenaza inminente es la clave para entender la urgencia de las negociaciones en Florida. La delegación ucraniana lleva algunas novedades. La inclusión de Kyrylo Budanov —jefe de la inteligencia militar y figura de línea dura— y de David Arakhamia en las conversaciones, sugiere que estamos ante el momento de la verdad. Arakhamia, quien ya lideró las negociaciones de Estambul en 2022, y Budanov, con su reputación de pragmático implacable, podrían ser las piezas necesarias para firmar un acuerdo difícil.

El plan que se discute, esbozado en la reunión de Mar-a-Lago de finales de diciembre, apunta a una realidad amarga: la gestión de facto (aunque no cesión de iure) de territorios a cambio de supervivencia estatal. Con Rusia controlando la totalidad de Lugansk y gran parte de Donetsk y Zaporiyia, y con la Constitución rusa blindando esas anexiones, el margen para el idealismo es nulo. La propuesta sobre la mesa incluye un ejército ucraniano limitado a 800.000 efectivos y una gestión internacional de la central de Zaporiyia. Moscú, sintiéndose en ventaja militar, sigue rechazando las condiciones, pero la puerta de la negociación transaccional está abierta.

La Ilusión Europea y las Finanzas

Mientras Washington y Moscú tantean los límites del nuevo orden, Europa se encuentra en una encrucijada existencial. La UE, fragmentada entre el bloque del Este (Polonia y los bálticos) que exige una victoria total, y el bloque occidental que busca acomodo, ha perdido su rol de mediador.

El pragmatismo frío se ha apoderado también de la ayuda financiera. El tan anunciado crédito de 90.000 millones de euros de la UE revela la letra pequeña de esta guerra: el 60% de esos fondos nunca saldrá de Occidente, destinándose directamente a la compra de armas a fabricantes europeos y americanos. Solo el 40% llegará a Kiev (y habrá que ver cómo lo gestiona) para sostener un presupuesto de guerra asfixiado. Ucrania recibe "hierro", no liquidez, mientras su economía se tambalea.

Ante la retirada psicológica de Estados Unidos de la seguridad europea, en Bruselas y París se insiste en la llamada "Coalición de los Dispuestos": una alianza militar europea, con Ucrania como pieza central, que opere al margen de la OTAN. Es una idea audaz, nacida de la desesperación, que busca integrar al ejército más experimentado del continente (el ucraniano) con las potencias nucleares (Francia y Reino Unido). Sin embargo, sin el paraguas logístico norteamericano, su viabilidad sigue siendo una incógnita.

La Simetría de los Fuertes: De Kiev a Nuuk

Más allá de la diplomacia diaria, debemos mirar a la realidad a los ojos: al día de hoy el Occidente no entrará en guerra directa con Rusia. Ni Washington ni Bruselas cruzarán esa línea roja; al contrario, el instinto de distanciamiento en Europa no hace más que crecer. Y esto no es un accidente, sino el síntoma de una transformación más profunda.

Existe una inquietante sintonía ideológica entre las dos antiguas superpotencias. Tanto el 'trumpismo' como el 'putinismo' priorizan el interés nacional sobre los valores occidentales -a los que consideran fantasías liberales- y tienen sus ideas sobre la democracia. Esta simetría se cristaliza al comparar la retórica de Putin sobre Ucrania con la de Trump sobre Groenlandia. Los argumentos para justificar sus respectivas ambiciones son coincidentes en gran parte:

1. La amenaza previa: La víctima (Ucrania o Groenlandia) es presentada como una plataforma hostil utilizada por terceros poderes.

2. El Estado artificial: Se deslegitima su soberanía tildándolos de errores históricos o construcciones administrativas.

3. El derecho ancestral: Se apela a un pasado mítico ('vikingos' o 'pechenegos') antes que al derecho internacional.

4. La culpa de la víctima: La ocupación se presenta como una medida inevitable provocada por la 'obstinación' del país pequeño.

Que estas dos visiones del mundo dominen simultáneamente en Washington y Moscú no es una coincidencia histórica. Es la respuesta a la demanda global de liderazgo fuerte.

El sur global y la 'Desdolarización'

Lejos de Europa, el mundo sigue girando hacia el multipolarismo. Los BRICS, ahora reforzados con Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos, ya no son un foro de debate, sino un bloque económico operativo. La propuesta del Banco de la Reserva de la India para vincular las monedas digitales (CBDC) de los países miembros es el paso más serio dado hasta la fecha para crear un circuito comercial inmune a las sanciones del dólar.

Por otro lado, Asia Central bascula hacia el nuevo polo de poder en Washington. La decisión de Uzbekistán y Kazajistán de unirse al 'Consejo de Paz' de Trump para Gaza -abonando una 'cuota de entrada' para la membresía- ilustra las nuevas dinámicas de 2026. Se percibe que Trump está tratando de establecer estructuras paralelas a la ONU, concebidas como clubes exclusivos donde ejerce como primer presidente con autoridad para vetar decisiones y controlar la admisión.

A esta iniciativa, que reconfigura el multilateralismo bajo un modelo, han sido invitados también actores tan diversos como Argentina, Hungría, Turquía, Pakistán, Egipto, Jordania, Qatar e Italia, incluso Rusia se encuentre estudiando la propuesta.

Conclusión: El Fin de la Inocencia

Nos adentramos en 2026 sin vendas en los ojos. La guerra en Ucrania ha catalizado un reordenamiento global donde las ideologías han muerto a manos de la geografía y la economía. Rusia avanza en su desoccidentalización, consolidando sus alianzas con China y el Sur Global. Estados Unidos, bajo la batuta de Trump, se repliega hacia un nacionalismo estratégico que trata a aliados y enemigos con la misma vara transaccional. Y Europa, sola y dividida, intenta despertar de su sueño poshistórico tras 1945.

El acuerdo que eventualmente detenga las armas en Ucrania no será un tratado de paz justo, sino un contrato de gestión de riesgos. En este nuevo mundo multipolar, la justicia es un lujo; la estabilidad, en cambio, es el único activo por el que las potencias están dispuestas a pagar.




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