Puente ya no insulta en X
El grave accidente ferroviario de Adamuz se ha cobrado 45 víctimas mortales, el de Gelida, la de un conductor y está paralizado el servicio de Rodalies en Cataluña, todo esto ha sucedido en la última semana.
Los días posteriores a la tragedia de Córdoba fueron de tristeza y de solidaridad con las víctimas, pero a medida que pasan llega el momento de buscar las causas, las explicaciones y las responsabilidades. La investigación abierta dirimirá las causas del accidente. De momento, la hipótesis más sólida apunta a un fallo en la vía, no en el vagón. Si fuese así, el foco se dirigirá en la dirección de determinar la causa del fallo en el raíl, es decir, si se trata del mantenimiento, del montaje de la vía o de la fabricación de este.
El accidente ha ampliado el cúmulo de sospechas sobre la calidad de los servicios ferroviarios. Los retrasos en la alta velocidad y los colapsos en los trenes de cercanías han protagonizado las portadas de los periódicos en los últimos meses y la imagen de las estaciones repletas de viajeros esperando se ha convertido en la fotografía de veranos y periodos de vacaciones.
El caso del accidente de Córdoba es diferente. No se trata solo de tiempo perdido o de Renfe incumpliendo horarios, se trata de la muerte de personas, evidenciado que el sistema de ingeniería que gobierna el tráfico de trenes no es seguro y que tiene lagunas como la de saber en qué punto se encuentra una unidad móvil, pero no en el estado en que se encuentra.
En los últimos años se han evidenciado las deficiencias para dar una respuesta eficaz a una crisis. Los afectados por el incendio de 2021 que provocó el volcán en La Palma, siguen sin percibir la totalidad del dinero comprometido para la recuperación de sus fincas y trabajos.
La crisis Covid-19 fue desastrosamente gestionada y sirvió de campo abonado para corruptelas que hoy están siendo investigadas judicialmente. La dana valenciana está en los tribunales, en donde se dirimen responsabilidades penales. Murieron 237 personas y lo que se percibió es la incapacidad del Gobierno regional y al Ejecutivo central desentendiéndose. Sobre el apagón que afectó durante horas a la península y que puso en riesgo la vida de muchos ancianos y enfermos que dependen vitalmente de la energía eléctrica, siguen sin esclarecerse las causas y nadie garantiza que no vuelva a ocurrir.
En definitiva, el balance de gestión en situaciones críticas es desastroso y pone de manifiesto que España no tiene planificación hidráulica, energética o de infraestructuras, que carece de presupuestos que permitan acometer las reformas estructurales que se necesitan y que nada de esto está en la agenda política.
Todo se resume a un presidente agónico, aferrado a su sillón, ocupándose de cómo satisfacer la voracidad de los socios que solo tienen intereses locales o partidistas para obtener su apoyo parlamentario.
El Gobierno se ha especializado en la política de vuelo gallináceo, en la búsqueda de titulares, en las medias verdades y en mentir. Un buen ejemplo es Óscar Puente, especialista en bronca, insultos y twitter, amedrentando a periodistas y con un elenco de asesores buscando en prensa quien interpela al ministro. Es obvio que no tienen tiempo en trabajar para que el ministerio funcione mejor. Ama la popularidad, el lenguaje agresivo y el uso de redes para confrontar y animar a los militantes socialistas más beligerantes.
Es todo un regalo para la extrema derecha, que campa a sus anchas, paseando por los registros de los juzgados acumulando querellas y adeptos. La última que ha interpuesto es contra el propio Puente, Ábalos y la expresidenta de Adif, investigada por presunta corrupción en algunas adjudicaciones durante su tiempo al frente de la empresa pública que le sirve para recordar que los trenes no funcionan pero alguien se llevó el dinero.
