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Январь
2026

España y la independencia de EE.UU.

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Abc.es 
La participación de España a través de, entre otros, Bernardo de Gálvez, en el proceso de independencia de Estados Unidos, iniciado en 1776, fue decisiva, al mismo nivel que la de Francia. Desde 1779, año en el que España declaró la guerra a Gran Bretaña , su gobierno, en un esfuerzo combinado desde Nueva Orleans, capital del territorio de la Luisiana (incorporada por España en 1763), desde México, capital del Virreinato de la Nueva España, y desde La Habana, capital de la Capitanía General de Cuba, destinó tropas, armas, uniformes, avituallamiento de todo tipo y fondos para apoyar a los rebeldes norteamericanos capitaneados por George Washington. Sin esa ayuda, las Trece Colonias británicas no hubieran conseguido la independencia. Así lo reconoció el anterior presidente de Estados Unidos, Joe Biden, con ocasión de una vista de Estado a España en junio de 2022: «Some suggest we wouldn't be an independent country were not for you guys some years ago», es decir, «algunos sugieren que si no hubiera sido por ustedes [España] hace algunos años, nosotros [EE.UU.] no seríamos un país independiente». No fue fácil que Carlos III y su secretario de Estado, el conde de Floridablanca, tomasen aquella decisión dados los enormes intereses de España en Norteamérica donde controlaba, desde el Virreinato de la Nueva España, prácticamente las dos terceras partes del actual Estados Unidos. Pero, una vez declarada la guerra, España participó de lleno y los territorios españoles sirvieron de base militar y logística de la acción bélica y diplomática. La generalidad de la gente ignora el papel decisivo que jugó España en aquel proceso. La misma frase de Biden lo prueba: «Algunos sugieren…» son dos palabras que indican que no es algo asumido e incontrovertible y muestran que el entonces primer mandatario de Estados Unidos desconocía lo que España hizo por su nación. Y, como él, hay que conjeturar que también la inmensa mayoría de los ciudadanos estadounidenses, lo mismo que los españoles. Esa sociedad continúa teniendo el concepto errado de que Estados Unidos consiguió la independencia gracias sobre todo a Francia, en parte porque así lo enseñan sus libros de texto. ¿Culpa de quién? Básicamente de los historiadores, estadounidenses y otros, sin olvidar a los españoles. Lo cierto es que el nacimiento de esa gran nación es uno de los hechos históricos que más prolongada repercusión ha tenido a lo largo de los años, siguiendo la metodología del historiador francés Fernand Braudel. En poco tiempo, el 4 de julio de 2026, Estados Unidos estará celebrando el 250 aniversario de su independencia. Hace unos meses supimos que el Gobierno de España rechazó la idea de crear una comisión nacional para la conmemoración de dicho aniversario. Ignoro cuáles han sido los motivos para tomar tal decisión, pero, en un primer análisis, es una muestra fundamental, una vez más, del desconocimiento de lo que supuso la contribución de España a la independencia de Estados Unidos. Desde mi punto de vista hay que enmarcar esta decisión en una corriente histórica de la que no logramos escapar y para la que esta celebración hubiera supuesto una ocasión de oro. Me refiero a la minusvaloración o incluso el escamoteo de la trascendental contribución histórica de España. Ni nuestros políticos ni nuestros historiadores lo han sabido o lo han querido frenar. Unas veces por desidia, otras por haberse incorporado a las filas de los negrolegendarios. Sin embargo, hay excepciones y me consta que diversos centros académicos españoles han organizado seminarios o congresos sobre la presencia de España en lo que hoy es Estados Unidos. En esas ocasiones, multitud de ponencias han venido poniendo de relieve aquella extraordinaria aportación española. Los españoles estamos obligados a iniciar un nuevo rumbo nacional e historiográfico. España debería aprovechar posiciones públicas como la de Theodore Roosevelt quien, además de haber sido presidente de Estados Unidos entre 1901 y 1909, fue profesor de Historia en la Universidad de Harvard y supo imponerse a las tendencias vigentes en ese centro de estudios superiores. De forma que, en una conferencia pronunciada en Baltimore, en 1912, dijo: «Los españoles, con la transmisión de su sangre, de su vida y de su fe, implantaron en nuestro suelo una civilización muy distinta a la de otros pueblos conquistadores. Más humanitaria que la que mata y esclaviza razas, como hicieron los franceses, los ingleses y nosotros mismos con los indios de Norteamérica». Esta es justamente la huella hispánica sobre la que debemos llamar la atención en esta conmemoración para resaltar la importancia del papel que España jugó en el nacimiento de Estados Unidos como nación independiente. Ya desaprovechamos la oportunidad de celebrar el 500 aniversario de la incorporación de la Nueva España a la Corona, en 2021, una de las gestas más importantes de nuestra historia. Y la perdimos por miedo a las reacciones que pudiera haber habido o por dejadez, cuando el presidente mexicano de entonces no dudó un instante, por su lado, en exigir al Rey el perdón por esa misma conquista. En esta nueva ocasión, no deberíamos volver a repetir los mismos errores. Por ello, hay que realzar el papel que nuestros compatriotas han jugado en la formación de la nación norteamericana a lo largo de la historia, desde las expediciones de Juan Ponce de León en la Florida, Francisco Vázquez de Coronado, Juan de Oñate, Pedro Menéndez de Avilés hasta las acciones imperecederas de Junípero Serra y Bernardo de Gálvez, únicos españoles representados en la sede del Congreso de Estados Unidos. Estamos obligados a mejorar la imagen que de España tienen los estadounidenses, castigada por la «leyenda negra». Como consecuencia de la influencia de ésta, una oleada de intolerancia y de ignorancia ha provocado, a lo largo de los últimos años, el derribo de estatuas levantadas en honor de insignes personajes de nuestra historia en todo el territorio estadounidense, desde Colón hasta fray Junípero. Nuestro trabajo ha de ser, en especial a nivel oficial, pero también por parte de la historiografía y de las principales plumas del país, dar a conocer todo lo que España hizo para que Estados Unidos sea la gran nación que es hoy. A este respecto, no podemos desperdiciar la ocasión que nos ofrece el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. De este modo, un futuro presidente de Estados Unidos que visite España podrá decir en su discurso ante el Rey Felipe VI: «Como todos sabemos, la contribución de España a la independencia de mi país fue crucial».



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