El olvidado valor de las promesas
Decía mi madre que todo cuanto se pedía a San Antonio de Padua acababa por concederse, pero siempre que uno sellara el ruego con una promesa firme. Los milagros son como los créditos, exigen garantía y en caso de no cumplir aquella clausula con uno mismo el don puede ser retirado. Y yo, cansado de confiar los sueños de mi porvenir laboral a plataformas digitales, decidí hacer lo que hace cualquier hijo sensato, seguir los consejos de su madre.
