La «Alegría» del PSOE no es la sosa del grupo
Pilar Alegría da tanto juego como su apellido. Y para muestra el título de este ladrido. Por eso, se enfadó tanto cuando su «colega» Félix Bolaños la dejó «como la sosa del grupo» en su estreno estelar en TikTok. Aquello fue para verlo, la verdad.
El «salao» de Félix, que anda enganchado a las redes casi tanto como Óscar Puente, las mata callando. Pero la candidata socialista en Aragón, que enfrenta este viernes su examen más difícil, se quedará triste si se cumple el pronóstico de la mayoría de encuestas. El PSOE se expone a firmar uno de los peores resultados de su trayectoria en Aragón, en la línea de los 18 escaños que obtuvo Javier Lambán en 2015, aunque entonces el contexto era muy distinto, con Podemos en su momento de mayor fortaleza. Lo más inquietante para los socialistas es que la tendencia sigue siendo descendente.
Solo el CIS le da una alegría a Pilar y la deja cerca de los 23 escaños. Pero en el tramo alto. No vaya a ser que la realidad desmienta al CIS. Lo que está claro es que la exministra de Educación, que ejerció como maestra en Teruel, tendrá que presentarse al examen de recuperación, sea cuando sea. El presidente no va a dejarla dimitir. Tampoco se lo va a exigir. Ni el partido se lo va a pedir. Sánchez necesita a una aliada que controle la federación aragonesa, una de las más belicosas con el «sanchismo».
La candidata lo sabe bien, porque se llevó a cara de perro con el expresidente Javier Lambán, probablemente el mayor «antisanchista» de la historia del PSOE, que en paz descanse. La trayectoria de Pilar Alegría es la de una política a la que su salto de la portavocía del PSOE a la sala de prensa del Consejo de Ministros le hizo perder espontaneidad.
En la distancia corta, la exministra siempre tiene una sonrisa, un halago y un detalle. No hace falta que esté en campaña. Aunque esta no le está yendo muy bien que digamos. Da la sensación de que quienes la han ideado –allá por el Palacio de la Moncloa– han querido sacar explotar tanto su buen rollo que se han pasado. La han convertido en una candidata más artificial que natural. Y mira que tiene naturalidad de sobra. Hay que reconocer que Pilar Alegría arrastra dos losas. Una es haber sido el rostro del Gobierno desde 2023, en la peor legislatura posible, porque no ha habido grandes medidas que vender. Estos años han sido los de los giros, la corrupción, los escándalos de acoso sexual. No ha habido en este lapso nada agradable para Alegría, hay que admitirlo.
Tampoco lo fue tener que contestar por qué se reunió para comer con Paco Salazar, uno de los supuestos acosadores de Moncloa tras trascender que tenía la «bragueta» bajada. Si hay algo que le pinta una sonrisa a la «alegría» socialista, hay que decirlo, es su tierra. Siempre llevó a gala aragonesismo en Madrid. Si puede, marca su acento cuando le toca hablar. Lo cierto es que sus antiguos compañeros en Moncloa lamentaron el «error no forzado» de la foto con Salazar. Y alguno que otro, tambien hay que explicarlo, lo celebró. Hace tiempo que en Moncloa los ministros van «a su bola».
Todos saben que el final está cerca. Pero todos huelen que el presidente querrá quedarse. Durante un tiempo, en Aragón se especuló con la idea de que Pilar acabara siendo la primer presidenta del Gobierno, heredera del «sanchismo». Y eso que procedía del «susanismo» cuando en el PSOE había bandos. Pero nada de eso. Sánchez fue claro: Aragón necesita Alegría. No seré yo quien critique la poca originalidad del presidente, que quiere que a una hipotética rival en primarias sin capacidad de maniobra.
El feminismo socialista se puso en pie de guerra con el machismo del acoso sexual. Y en el PSOE, la verdad, es que miran a una mujer para cuando Sánchez ya no esté. Las feministas socialistas se han erigido en el único contrapeso relevante al poder del líder. Por eso, hay mujeres en el partido que aguardan su turno. Pilar Alegría se quedará en la oposición en Zaragoza, pero la capital del Ebro queda cerca de Madrid. Aunque ahora se tarde más tiempo en viajar por culpa del caos ferroviario. Aunqu esa es otra historia. El domingo no hay puente, hay elecciones. Y todo el PSOE mirará a la alegría.
