A la hora de viajar a otros países, uno de los atractivos principales suele ser probar la gastronomía local. Sin embargo, cuando el destino pertenece a una cultura muy diferente , como ocurre en algunos países africanos, no todo el mundo está preparado para el choque cultural. Sobre este tema ha hablado Lola de Pardo , una joven murciana que vive en Casablanca y que comparte su día a día en redes sociales. En uno de los vídeos más recientes de su cuenta de TikTok se graba probando comida en la medina de Casablanca. Al inicio del vídeo aparece caminando por una calle del mercado mientras prueba distintos alimentos. Lo primero que toma es el raibi, una especie de leche o yogur líquido que le sorprende bastante por su sabor y que cuesta tres dirhams, unos 30 céntimos de euro. Más allá de la comida, también se compra una tobillera, una pequeña cadena metálica para el tobillo, por la que paga 20 dirhams, alrededor de dos euros. «Que no me digáis que me han timado porque ponía el precio en un cartel y he pagado lo que ponía en el cartel», asegura la joven para justificar el coste. Después pasa a probar la pastela, una clase de hojaldre. Reconoce que no sabe muy bien todo lo que lleva, aunque identifica la patata entre los ingredientes. Le cuesta seis dirhams, unos 60 céntimos, y el sabor le sorprende mucho, destacando que el pimiento está «buenísimo». Más adelante aparece sentada en una mesa de plástico típica de los mercados, esperando su pedido. En esta ocasión se trata de un bocadillo de kefta (carne picada), acompañado de salchichas y pollo, por un precio de 20 dirhams. Por último, llega el que asegura que es su dulce favorito de Marruecos, el khringo. «Es como un churro enano, es el mejor dulce marroquí del mundo», afirma. El precio vuelve a llamar la atención, solo dos dirhams, unos 20 céntimos de euro.