De Monroe a Donroe: la doctrina con la que Trump justifica su intervención y busca alejar a China de América Latina
‘América para los americanos’: La doctrina Monroe pasó a ser, después de más de 200 años, la línea de política exterior que el nuevo gobierno de Donald Trump decide implementar en Estados Unidos. La idea nació exactamente en 1823 bajo el presidente James Monroe, quien la utilizó como justificación para sus acciones intervencionistas, como la realizada en Venezuela el pasado 3 de enero bajo el segundo mandato Trump.
Según cita CNN, la estrategia de seguridad nacional publicada en diciembre comprometía a la administración a “negar a competidores no hemisféricos” el control de “activos estratégicamente vitales” en el hemisferio occidental y a “hacer todo lo posible para expulsar a las empresas extranjeras que construyen infraestructura en la región”. Este discurso sería aplicado en el control del comercio del petróleo de Venezuela, un aliado de largo plazo de China, quien invirtió durante años en los yacimientos petrolíferos y la infraestructura, pero hoy se ve obligado a negociar los acuerdos con EE. UU.
Acciones como el interés por Groenlandia, las críticas contra la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sumado a la descalificación constante del poder de Europa, forman también parte de esta línea que Trump decidió implantar en su administración, renombrándola como ‘doctrina Donroe’. "Es un asunto importante, pero la hemos superado en mucho, muchísimo”, exclamó el mandatario tras la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, y en alusión a esta reinvención.
"El término Doctrina Donroe ya suena a Don Corleone, a algo mafioso", describió al respecto Bernd Greiner, politólogo y experto en estudios estadounidenses, al periódico Süddeutsche Zeitung. Además, Greiner explica que así es como maneja la política el líder republicano, siendo la “imprevisibilidad” su principal “divisa”, la cual suele estar acompañada de “chantaje e intimidación”, características similares a las de las “bandas mafiosas”.
¿Qué es la doctrina Monroe?
Expuesta en un discurso el 2 de diciembre de 1823 por el presidente Monroe frente al Congreso de Estados Unidos, la doctrina fue parte de una advertencia a las potencias europeas para que se mantuvieran fuera del continente americano. “Por la condición de libres e independientes que han asumido y mantienen, no deben ser considerados en adelante sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea”, dijo el entonces mandatario estadounidense.
La BBC relata que el histórico hecho se dio años después de que en Europa se formara la llamada Santa Alianza (1815), integrada por Rusia, Austria y Prusia, la cual tenía como objetivo defender las monarquías absolutistas, además de combatir los movimientos revolucionarios. “Monroe y su secretario de Estado, John Quincy Adams, formularon una política que establecía que EE. UU. asumiría la defensa de la soberanía de América con el apoyo del poderío naval británico, del que carecía su país”, recuenta el medio.
No obstante, esta “solidaridad” terminó por derivar en una política expansionista y de protección de los intereses económicos estadounidenses. Alex Bryne, especialista en historia estadounidense, resalta que estas “discrepancias varían dependiendo de cómo individuos específicos la han interpretado en los últimos 200 años”. Un hecho que se ejemplifica en el accionar de Trump durante su segunda administración.
"El patio trasero de Estados Unidos"
Cabe indicar que esta no es la primera vez que la visión de política exterior fue moldeada por un presidente estadounidense. Theodore Roosevelt la amplió en 1904 mediante el “corolario Roosevelt”. Con esto, Estados Unidos se otorgaba el derecho a intervenir en países de América Latina para prevenir lo que, en aquel momento, describió como “mala conducta crónica” e “inestabilidad”. De esta manera, según el medio Deutsche Welle (DW), Latinoamérica pasó a ser considerada como “el patio trasero” del gobierno estadounidense.
Asimismo, en 1954, el mandatario estadounidense Dwight D. Eisenhower anunció una nueva extensión, esta vez llamada “teoría del dominó”. Fue concebida con el fin de evitar que los países cayeran bajo la influencia de la Unión Soviética y, por ende, el comunismo. Esta justificación sirvió para sus enfrentamientos posteriores, como la guerra contra Vietnam del Norte y las diversas intervenciones a manos de servicios secretos, como en Nicaragua, Cuba, República Dominicana, Haití, Guatemala, Chile y Granada.
“La CIA intervino para debilitar fuerzas consideradas contrarias a los intereses de Estados Unidos: gobiernos reformistas, movimientos sindicales, procesos de reforma agraria o fiscal. En muchos casos, apoyó golpes militares, como el derrocamiento de Jacobo Árbenz. Pero todo esto era encubierto”, afirma la politóloga Evelyne Huber, profesora de la Universidad de Carolina del Norte, para Enlace Latino NC.
Un nuevo objetivo
La actual gestión, ahora bajo la llamada ‘Doctrina Donroe’, plantea a China como su principal rival, posicionándola por encima de Europa, como ocurrió en gestiones pasadas. Mediante la aplicación de aranceles o sanciones, Estados Unidos inició una nueva escalada, obligando a los países a elegir entre los intereses de mantener una alianza con Washington por encima de sus vínculos con el gigante asiático. “No hay duda de que la presión existe y los países son vulnerables a ella”, reveló Jorge Heine, exembajador de Chile en China, para CNN.
No obstante, la segunda economía más grande del mundo no muestra señales de retirarse del suelo americano, a pesar de la presión. De hecho, China mantiene una extensa red de vínculos en América Latina y el Caribe, relación que despegó a principios de la década del 2000, según CNN. Solo a principios de este mes, el país asiático anunció el mayor superávit comercial de la historia del mundo, con US$ 1.200 millones en 2025, con un aumento del comercio con la región del 8 %, esto pese a los aranceles impuestos por Trump.
China presente en América Latina
Las empresas chinas canalizaron una inversión total de US$ 302.000 millones en América Latina entre 2000 y 2023, según un informe de AidData, un laboratorio de investigación de la Universidad William & Mary. Este capital fue destinado a proyectos de infraestructura clave como puertos, carreteras, centrales eléctricas, parques eólicos y solares, además de la construcción de líneas de metro y la explotación de minas.
Los proyectos fueron financiados principalmente con el excedente industrial de China y la ambición de su líder, Xi Jinping, de expandir la influencia global de Beijing. En este sentido, las empresas chinas están profundamente involucradas en la extracción de recursos naturales estratégicos, como el cobre en Perú y el litio en Argentina y Chile, este último esencial para la fabricación de baterías recargables para vehículos eléctricos. Además, se están preparando para expandir sus operaciones a Bolivia.
También fortaleció su presencia en el sector energético de la región. Empresas respaldadas por el Estado chino operan partes de las redes eléctricas en países como Perú, Chile y Brasil. En el sector de telecomunicaciones, compañías como Huawei y ZTE, a pesar de las restricciones impuestas en Estados Unidos por preocupaciones de seguridad, suministran infraestructura digital en varios países sudamericanos. Entre sus logros destaca la instalación de más de 8.000 kilómetros de fibra óptica en la selva amazónica.
El sector automotor es otro frente clave. El gigante chino BYD inauguró el año pasado una fábrica en Brasil en terrenos que anteriormente ocupaba Ford. Asimismo, Great Wall Motors inició su producción en Brasil, utilizando una planta adquirida a Mercedes-Benz.
