Azcón ata su victoria sin «generar expectativas»
Terminó la campaña electoral en Aragón con un «optimismo» bastante moderado en las filas del Partido Popular. No hay ninguna duda con la victoria. Está atada y bien atada. Tampoco la hay con el hundimiento del PSOE. Pero sí genera incertidumbre el margen con el que Jorge Azcón logra imponerse no sobre Pilar Alegría, sino sobre Vox, la verdadera preocupación a riesgo de quedarse como estaba.
De ahí que en su equipo se hayan cuidado, y mucho, de no airear ningún sondeo interno en los últimos días. Para bien o para mal. «No vamos a caer en el exceso de confianza ni en generar expectativas», zanjan a LA RAZÓN. «Vamos a pelear hasta el último minuto». Y tanto.
Este viernes, en Zaragoza, tuvo lugar un cierre por todo lo alto. El cartel anunciador era en sí mismo toda una declaración de intenciones: con Los Meconios, el grupo de música predilecto de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y las cañas finales con el influencer que arrasa entre los adolescentes de derechas y genera auténtico odio en la izquierda: Vito Quiles.
Por si quedaba alguna duda de que, esta vez, las redes se han echado por otros caladeros. «Si la gente se ha ido al monte, habrá que endurecer un poquito el mensaje», es la reflexión que hacen dirigentes del partido, que dan el aprobado a la campaña que ha protagonizado Azcón.
«Lo que tenga que ser, será». Pero, al menos, no se ha dejado ningún cartucho en la caja. Ha concedido entrevistas a todos los medios de prensa de nuestro país, salvo Televisión Española, ha asistido a los cuatro debates electorales que se han celebrado –uno de ellos, el cara a cara con Alegría–, ha contado con la presencia de los principales activos del partido, se ha pateado hasta el último municipio, con mítines diarios, y le ha dado sitio a Alberto Núñez Feijóo, con su propia caravana.
Ahora, la suerte está echada. Falta la tensa espera y, el domingo, a las 9:00 de la mañana se abrirán los colegios electorales. Hasta las 20:00. No tardará mucho en conocerse el resultado final. Apenas unas horas y se sabrá si Azcón consigue su meta. Que, en realidad, ni siquiera la ha situado en librarse de Vox. «El objetivo es ganar las elecciones, que podamos mejorar el resultado que teníamos», confesó a este diario en su última entrevista. No habló de reducir la dependencia, ni siquiera de alcanzar una «mayoría suficiente». Ganar y subir. Y punto.
No obstante, a nadie se le escapa que si el causante último de la convocatoria fue el bloqueo de Vox a los presupuestos por segundo año consecutivo, si Vox logra duplicar su representación, como en Extremadura, y sigue siendo determinante, la de Aragón se interpretará como otra victoria agridulce. Sobre todo, porque la relación con el partido de Santiago Abascal atraviesa un momento crítico. El enfrentamiento en redes sociales de las últimas horas aventura una convivencia imposible.
El problema de Azcón es que si no le dan los números para pactar con los regionalistas –un escenario alternativo posible, pero cada vez menos probable– la única opción de gobierno implica pasar por el aro de Vox, que no está por la labor de acercarse al PP. Sobre todo, cuando quedan por delante dos citas más: Castilla y León y Andalucía, la madre de todas las batallas. Vox sabe que se hace fuerte en su crítica al bipartidismo, por lo que cualquier pacto que le identifique como amigo del PP se le podría volver en contra.
En las últimas semanas, tanto Azcón como Feijóo se han empleado a fondo para cortar el trasvase de votantes a Vox. Desde los trenes hasta la regularización masiva de inmigrantes pasando por Mercosur, los dos han subido el tono. Y no sólo. Han tratado de convencer a los electores más indignados con el «sanchismo» que canalizar su cabreo en las siglas equivocadas es pan para hoy y hambre para mañana. «Vox quiere que los cabreados confíen en ellos y el PP quiere que el cabreo sea útil, que el cabreo sirva para algo», sentenció Azcón a LA RAZÓN. Es la gran disputa del nuevo tiempo político. En Aragón, un nuevo test.
