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Bad Bunny irrumpe en los Grammy con un corsé que cambia las reglas del esmoquin masculino

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Una victoria estética y simbólica

La aparición de Bad Bunny en los Grammy 2026 no solo fue celebrada por su música, sino también por su capacidad de romper barreras en la moda. El traje que lució sobre la alfombra roja y durante la ceremonia causó un profundo impacto visual y conceptual: una reinterpretación del esmoquin clásico con elementos propios del vestuario femenino.

Se trata de una creación única de Schiaparelli, la icónica casa de alta costura fundada por Elsa Schiaparelli, pionera del surrealismo en la moda. Esta pieza es la primera diseñada exclusivamente para un hombre por la firma, lo que la convierte en un hito dentro de su historia.

El corsé como símbolo masculino

La prenda destacaba por una silueta que estrecha la cintura y ensancha las caderas, elementos tradicionalmente asociados a la figura femenina. El corte, junto con un escote profundo e inusual en prendas masculinas, reafirmaba una intención de cuestionar los cánones de género desde la estética formal del esmoquin.

Pero el detalle más llamativo se encontraba en la espalda: una abertura con ojales cruzados por una cordonadura que simula la columna vertebral, claramente inspirado en los corsés del siglo XIX. Este elemento no solo evoca la obra de Elsa Schiaparelli, sino también la provocación conceptual de Jean-Paul Gaultier, heredero espiritual de la modista italiana.

Referencias al cuerpo y la disciplina

La reinterpretación del corsé no es casual. Históricamente, este tipo de prenda ha simbolizado tanto la sumisión corporal como la búsqueda de una belleza normativa. Al incorporarlo a un traje masculino, Bad Bunny proyecta una lectura crítica: el cuerpo del hombre también está sometido hoy a exigencias estéticas y normativas.

El bordado en negro de las solapas, que imita una cinta métrica, y el escote curvado completan la intención de jugar con los límites del género, haciendo visible lo invisible: una masculinidad deconstruida.

Una colaboración sin precedentes

El diseño fue complementado con joyas de Cartier, incluyendo un anillo Panthère con esmeraldas, ónice y diamantes, además de un reloj histórico de la línea Tortue. El conjunto refuerza la idea de una moda masculina más ornamental, emocional y provocadora.

El esmoquin no es solo una apuesta estética; es también un movimiento estratégico dentro del mercado del lujo. Schiaparelli nunca había diseñado para hombres. Este gesto, por tanto, no es aislado, sino una posible apertura hacia nuevas líneas masculinas dentro de la alta costura, siguiendo la tendencia iniciada por otras casas como Chanel o Dior, que ya han vestido a hombres con piezas femeninas.

¿Un nuevo camino para Schiaparelli?

Este diseño podría marcar el inicio de un cambio de rumbo en la marca. Si bien Schiaparelli se ha caracterizado por su crecimiento lento y contenido, la colaboración con Bad Bunny lanza un mensaje potente: la moda de élite no tiene género, y su exclusividad reside también en su capacidad para transgredir.

Casos similares ya se han visto en otras celebridades masculinas que incorporan broches, corsés, perlas o esmaltes a sus looks de alfombra roja. Pero esta pieza concreta añade un matiz: fue diseñada desde cero para él, por una firma que hasta ahora era exclusivamente femenina.

Una identidad que trasciende lo musical

En un vídeo de Vogue, Bad Bunny explicó su filosofía: “Sin querer, soy una pieza que une diferentes mundos, generaciones y estilos”. Lo que antes era considerado provocador, hoy es símbolo de una identidad fluida que se refleja tanto en la música como en la vestimenta.

Así como ha sido el primer artista en ganar un Grammy por un álbum completamente en español, ahora también inaugura una nueva era para la moda masculina en la alta costura. El traje de Schiaparelli, más que una prenda, es una declaración política, cultural y estética.

En una gala marcada por tensiones políticas y discursos identitarios, Bad Bunny demostró que la moda es un lenguaje capaz de expresar mucho más que estilo: puede ser herramienta de ruptura, puente entre mundos y espejo de nuevas masculinidades.




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