ESTAS tierras que los hombres inteligentes supieron cultivar para que dieran frutos y los soberbios pensaron que podrían dominar a su antojo como si fueran un cuarto de baño que se diseña al gusto tienen señor y soberano. Con su presencia próxima o remota, en persona o en la delegación de sus afluentes y arroyos, el Guadalquivir hizo fértiles las riberas, los valles y la campiña y permitió que los humanos llenaran la mesa de pan, legumbres, hortalizas y frutas. Por sus aguas el aceite llegaba a Roma como el oro que es y de allí volvían la lengua, el derecho y la sabiduría que conservarían para ser mejores las gentes que vivían en aquel lugar que de él tomaba...
Ver Más