La presidenta tiene miedo
No puede Claudia Sheinbaum romper el pacto entre narcotraficantes y el gobierno sin poner en riesgo la pervivencia de Morena en el poder. No se puede extirpar un cáncer que está imbricado en diversos órganos vitales.
Proceder contra algunos personajes enclavados en su gobierno o en gobiernos estatales controlados por su partido sería suicida. Sin embargo, algo tiene que hacer para reducir la presión del gobierno de Trump.
Sheinbaum ha hecho hasta el momento mucho de lo que se le ha exigido. Extradición de capos. Destrucción de laboratorios. Ha puesto al secretario de Seguridad Pública al servicio de los Estados Unidos. Ha permitido que agentes norteamericanos operen en México.
Pam Bondi y Marco Rubio reconocen que Sheinbaum ha colaborado con EU como ningún otro presidente en el pasado. Pero no ha sido suficiente. Gran parte de nuestro territorio está controlado por el narco, lo repiten en Estados Unidos congresistas y el mismo presidente. La presidenta tiene miedo, dice Trump. Miedo de romper el pacto con el narco porque podría significar el fin de Morena en el poder.
Si Sheinbaum decidiera romper con gobernadores vinculados al narco (como Rocha de Sinaloa, Durazo de Sonora, Villarreal de Tamaulipas), éstos podrían revelar de dónde salió el dinero para pagar la costosísima precampaña anticipada de Sheinbaum, que tapizó el país con su efigie. Si procedes contra mí, procedes contra ti. Si Sheinbaum decidiera actuar en contra de Adán Augusto López o Mario Delgado, sus acciones la enfrentarían contra López Obrador, que podría activar a sus huestes para revocar su mandato.
Si Sheinbaum decidiera ir a fondo en contra de los responsables del huachicol fiscal o el descarrilamiento del Tren Interoceánico, se toparía con los hijos de López Obrador y provocaría un sismo en Morena. Parafraseando a Gabriel Zaid: el narcogobierno no es una característica lamentable del sistema político morenista: es el sistema político morenista.
La presidenta está atada de manos. Sus márgenes se van reduciendo. A pesar de su inmenso poder (controla el Poder Legislativo y Judicial, controla el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional, Morena gobierna en 24 de 32 estados), no puede proceder contra el cáncer del narcotráfico porque forma parte de las estructuras del poder en México. Si me destruyes, te destruyo.
Pero no debemos perder de vista que los intereses de la presidenta y los intereses de Morena no son los intereses de México. Son los intereses de la camarilla en el poder. Una camarilla ineficiente que no sabe cómo promover el crecimiento económico. Cuyos índices en educación están por los suelos.
Somos el país de América con mayor índice de contagios de sarampión porque el gobierno anterior suprimió las vacunas necesarias. En política exterior se nos vincula con Venezuela y Cuba, las dictaduras del continente. ¿Cómo es posible que un gobierno tan inepto haya acumulado tanto poder?
Aquí es donde entra el factor de la delincuencia organizada. ¿Hubiera podido Morena ganar las elecciones sin ayuda de los grupos delincuenciales? ¿Qué tanto debe Morena al crimen organizado que no puede enfrentarlo?
México vive una tragedia. En el momento en que nos gobierna una camarilla corrupta y coludida con el crimen organizado, no contamos con una oposición que haga frente a esta situación y brinde salidas. Contamos, eso sí, con legisladores estentóreos, que gritan en tribuna, pero que son incapaces de tejer alianzas para presentar un frente unido.
Buenos para la injuria, malos para la organización. Una oposición pusilánime. Cómoda con los ingresos que reciben de sus multimillonarios partidos. Una oposición con un contacto mínimo con la ciudadanía. Vivimos una crisis de representatividad.
¿Qué partido apoya y organiza a los ciudadanos frente al desabasto de medicinas y los malos servicios en los centros de salud? ¿Qué partido propone alternativas para hacer frente al nulo crecimiento económico? ¿Qué partido asume la defensa de los ciudadanos frente a la inseguridad? ¿Qué partido documenta la corrupción imperante en el gobierno?
Los mexicanos estamos atrapados en una red formada por un gobierno ineficiente y corrupto, un vecino injerencista y abusivo, y una oposición inútil.
Llegamos también a un momento crucial para la ciudadanía. El deterioro del país lo padecemos todos. Podemos quedarnos cruzados de brazos o actuar, cada quien en su esfera de acción. Podemos organizarnos. Formar clubs políticos, participar en las reuniones vecinales. Ingresar a partidos para transformarlos.
Protestar. Dejar atrás la pasividad. Para Aristóteles, el idiota era una persona que se quedaba en su casa y dejaba que gobernaran los bandidos. El idiota es el que se mantiene en su vida privada. Escribió George Steiner en su último libro: “Si nos gobierna la mafia es porque nos hemos negado a entrar en política”.
Esta es la gran paradoja de la quiebra de la democracia. “Si no queremos participar en los asuntos públicos, ¿quién tiene la culpa?”.
