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La COB de ayer y hoy

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Cuando el golpe se convirtió en insurrección y ésta dio paso a la Revolución, los primeros sorprendidos fueron los actores de esa gesta: 3000 muertos y heridos no justificaban un simple cambio de presidente, había que avanzar más, eran precisos una organización y un programa. El 17 de abril de 1952 se fundó la Central Obrera Boliviana (COB), aceptaron el cogobierno con el MNR y se germinó un programa de lucha: “Nacionalización de las minas, revolución agraria, diversificación industrial y creación de nuevas fuentes de riqueza como base fundamental de nuestra soberanía económica y de mejoramiento social-cultural y material de la masa asalariada”

Sus planteamientos, como la no indemnización a los barones del estaño, el hacer de la minería y metalurgia puntales de la generación de riqueza, fueron negados; al contrario, fueron usados para reprimir a los dirigentes; su oposición al plan de estabilización monetaria y el plan triangular para ‘modernizar’ la COMIBOL, llevó al gobierno del MNR a romper con la COB.

Sin embargo, lograban el apoyo del campesinado, la clase media y otros sectores para retornar a las banderas de abril; fue necesaria la dictadura para imponer en mayo de 1965 lo que el MNR no pudo: rebajar los sueldos y salarios, despido de trabajadores, particularmente los dirigentes, supresión del Control Obrero; para lograr esto se dictó estados de sitio y se convirtieron los campamentos mineros en zonas militares.

Fueron 18 años de resistencia heroica y creativa; muchos de sus dirigentes fueron asesinados, otros perseguidos y encarcelados, pero siempre estuvo presente el espíritu rebelde: se supo responder el golpe con el contragolpe en 1970, implementar la Asamblea del Pueblo, luchar desde la clandestinidad, apoyar la huelga de hambre de las mujeres mineras, defender la democracia contra las intentonas golpistas, hasta que finalmente se recuperó la democracia en 1982. Estos episodios de participación política directa le dieron el título de vanguardia del pueblo boliviano.

Lo invitamos a leer también: ¿Vale la experiencia?

El retorno a la democracia liberal, cuyo núcleo decisorio son los partidos, quitó la posibilidad de su participación en los órganos de poder; al contrario, se la censuró cuando planteó, como única salida a la crisis económica -heredada de las dictaduras- el no pago de la deuda externa y el vuelco de los recursos a la producción. La crisis económica se volvió política, volviendo al poder a quienes fueron eternos enemigos de la COB: Paz Estenssoro y Banzer.

La alianza impuso el neoliberalismo, cerrando las empresas estatales, flexibilizando el trabajo, cortando las conquistas sociales; la resistencia fue dura. La huelga de hambre fue respondida con el estado de sitio y el confinamiento -golpea la memoria la imagen de don Juan Lechín, a sus 70 años, confinado en Puerto Rico. La Marcha por la Vida fue cercada y disuelta con el despliegue militar más grande habido en tiempos de paz; su derrota significó la dispersión de la fuerza laboral de 30.000 trabajadores mineros.

La cadena productiva fue rota con la producción individual de las cooperativas; la empresa industrial recortó la fuerza laboral a un tercio, con la condición de no hacer labor sindical y política. La corrupción desde el gobierno popularizó los maletines negros en la burocracia sindical. La lógica neoliberal era hacer de la oportunidad un beneficio personal; la ideología, como sueño y norma de una nueva sociedad, había muerto. Así se desmontó el aparato industrial, base material de la existencia de la clase obrera, y las transnacionales se adueñaron de los recursos naturales: el agua, el petróleo, los minerales, el espectro electromagnético, la tierra y los bosques, todo a cambio de dádivas a los funcionarios de turno.

Desde la otra orilla del pueblo, campesinos y clases marginadas, se respondió a la antipatria, rescatando la visión del Estado soberano, plural, productivo y solidario; se recuperó el gas, las telecomunicaciones y algunas minas. Se abrió el proceso de construcción del Estado Plurinacional.

Cuando la COB dio su apoyo al proceso de cambio (2016), el rumbo estaba definido, el pueblo era beneficiario y no conductor del proceso; su labor fue de acompañamiento. Su conducción no fue democrática, prolongando el mandato de los dirigentes por 10 años, las bases no podían debatir, discutir y proponer, las decisiones estaban en pocas manos.

Desde las bases se ha venido impulsando un movimiento renovador y de rescate de la memoria de la COB, expresión única del pueblo trabajador. La tarea no es fácil, perduran en la sociedad los rasgos individualistas, los intereses sectoriales sobre los nacionales, hay desconfianza en las direcciones jóvenes, sin embargo, es una marcha que irá decantando los errores y acumulando experiencia, en un nuevo contexto.

Bulle en las bases el deseo de una sociedad mejor, terminando con la explotación del trabajador y el saqueo de los recursos naturales, confía en los avances tecnológicos como generador de riqueza y mejoras en las condiciones de trabajo. La marcha del 3 de enero, conjunción obrera-campesina, ha demostrado que el pueblo está unido en defensa de los beneficios del Estado Plurinacional y el futuro que nos ofrece.

 

(*) José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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