Vacancia, ¿hay votos o no hay votos?, por Mirko Lauer
La posible vacancia de José Jerí ha sido atajada en pleno vuelo, al menos por el momento. Fernando Rospigliosi ha mostrado que la corporación que él preside está compuesta en buena medida por chambones, y eso incluye a congresistas y asesores. ¿Por qué no presentaron las firmas como debe ser? ¿Incuria? ¿Medida dilatoria? ¿Ignorancia de cómo es el trámite?
Rafael López Aliaga se ha quedado con los crespos hechos. Lo que iba a ser un golpe de mano ahora se va a convertir en un pulseo burocrático, con pugna. La imagen de hábil maniobrero del candidato se ha despintado un poco. La demora que ha comenzado no es inocente. Cada día que pase será a favor de Jerí y sus conspicuos defensores.
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Circulan versiones según las cuales la reducción de los casi 80 firmantes a 29, que impediría el pleno para discutir la vacancia, puede ser subsanada a toda velocidad. Esto es algo que está por demostrarse. Si se alcanzan las firmas, en serio, ha dicho Rospigliosi, el pleno será convocado de inmediato. Hay 15 días para hacerlo.
Para Jerí, la situación que se ha abierto es sumamente incómoda, pues ahora solo sigue en la presidencia por un error de procedimiento. Es motivo suficiente para que cambie su estilo y lo vuelva algo menos flamígero, más adecuado a su papel de conductor de un proceso electoral. Hoy mismo, día de San Valentín, va a ser una prueba.
El argumento para mantener a Jerí en Palacio ha sido hasta ahora la estabilidad. Pero ahora los intentos de sacarlo están produciendo lo contrario. El movedizo político todavía se puede convertir en un campo de batalla entre las principales fuerzas del Congreso, sobre todo si su primer ministro sigue atizando las brasas.
Las versiones que circulan nombres para reemplazar a Jerí quizás buscan darle algo más de peso a una iniciativa que ha demostrado estar todavía en el aire. Sería conveniente que ese reemplazante, hombre o mujer, no fuera un aspirante a la reelección. El salto Congreso-Presidencia-Senado sería un insólito aporte peruano a la política electoral.
Mientras tanto, el electorado está cada vez más furioso, con una alta cifra de renuentes a participar. Más ahora que se está explicando el laberinto de la gigantesca cartilla de votación, laberinto al final del cual esperan pícaros mucho más peligrosos que el famoso minotauro.
