Hay veces que la realidad supera a la ficción. Ni en el mejor de los guiones cinematográficos se podría haber propuesto un final feliz para la triste historia que acompañó a Anthony Kim en los últimos dieciséis años. Desahuciado para el deporte, después de haber sufrido graves lesiones de tendón de Aquiles, espalda, hombro y mano, cayó en la bebida y las drogas y llegó a coquetear con el suicidio en demasiadas ocasiones. Por eso cuando hace dos temporadas le recuperaron para el LIV Golf, como estrategia de marketing, pocos pensaron que el impacto fuera a ser mayor que el de aparecer un par de días extra en las noticias de golf. Su aspecto desaliñado, pasado de peso, con coleta...
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